martes, 31 de enero de 2012

Delirium Tremens - Ikusi eta Ikasi [1989]

Eran días sentados en el Paseo Nuevo de Donostia mirando el mar. En el aparato musical enchufado Delirium Tremens, el salitre adhiriéndose en la piel, mirando cómo en el horizonte se tocan cielo y océano, perdido en la inmensidad de las aguas. Sumergido en la melancolía, lamentando lo que han hecho de mí y soñando con lejanas posibilidades. El corazón agrietado por los golpes, el sufrimiento lacerante ansioso por ser consolado, el amor vuelto cruel y los ángeles que no escuchaban. Algo me recordaba que la vida es triste y hermosa: esos acordes más pausados que los que solían sonar en los aparatos musicales a disposición, esa peculiar voz transmitiendo dignidad y elegancia, quizá algo cansada también de las letanías del dolor. A veces tengo la sensación de que nos pasamos gran parte de la vida consciente lamentándonos de estar vivos. Y me parece despreciable.

lunes, 30 de enero de 2012

Doctor Deseo - Fugitivos del Paraíso [1992]

A medida que la cacareada crisis se agudice, los fugitivos del paraiso serán legión. No sólo el chaval de ojos tristes que quiere ser mujer, el preso que lleva pudriéndose años en prisión, la prostituta que querría vivir de otra cosa o el yonki destruido por el caballo. Serán aquel peón de almacén que usaba su salario para comprar juguetes técnicos en el Media Markt, aquel empleado de una estúpida oficina que aspiró a poseer dos viviendas para vivir de las rentas, el albañil que disfrutaba de sus vacaciones pagadas en la Costa del Sol, el becario que recibía la suficiente cantidad de dinero para hacer una ronda por los festivales musicales veraniegos, el obrero fabril que usaba su mensualidad para equipar su coche con todo tipo de complementos. Supongo que presenciaremos una generalización del arte de sobrevivir y una disposición a adaptarse a cuaquier nueva situación.

sábado, 28 de enero de 2012

Orchid - Chaos is Me [1999]

Descifrar el orden que anuncia el caos. Penetrar en la armonía que se desprende en el ruido. Y quedar tranquilamente seducido por un ritmo furioso. Si tuviera que poner música a un punzante dolor, a una rabia desatada o a un amor degenerado en odio; si hubiera que elegir una banda sonora adecuada a unos tiempos sombríos, confusos y extraños, a una despreciable adaptación en un mundo vacío, consumido y degradado; si me dejaran elegir los sonidos del hilo musical del planeta tierra. Hoy ya ni bailamos, y mañana no habrá revolución. Los que detestamos estar odiosamente acomodados a estas podridas circunstancias, buscamos otros consuelos, también los necesitamos.

jueves, 26 de enero de 2012

"Mientras no cambien los dioses nada habrá cambiado", Rafael Sánchez Ferlosio.

"Nunca los muertos empañaron la gloria de una guerra ni deslucieron el esplendor de una batalla, sino que la sangre fue siempre su guirnalda más hermosa y más embriagadora. No hay nada en este mundo equiparable al aura arrebolada de la sangre y de la muerte para adornar y ennoblecer ante los ojos de los hombres, los estandartes de cualquier empresa. La sangre y la muerte no solamente aducen convicción, generosidad, altura de miras en los muertos, sino que también reflejan elevación, dignidad y certidumbre para la Causa por la que murieron. Nadie logró jamás tener tanta razón como los muertos, ni hubo nunca argumento más poderoso que sus muertes para dejar a la Causa irrefutablemente convencida de sí misma y convencidos de ella a los demás. Las muertes son las que siempre han consagrado como verdadera y justa y grande y santa cualquier Causa, y poder decir de ella "Es la causa por la que derramaron su sangre nuestros padres y nuestros abuelos" ha sido siempre un argumento legitimador infinitamente más fuerte y más definitivo que el contenido de la Causa misma. Nunca es el contenido de la Causa el que se alega para legitimar y justificar la sangre derramada, sino ésta la que siempre es esgrimida como el aval indiscutible de la justicia, la razón y la bondad de cualquier Causa, por delirante, estúpida o sórdida que sea. Que la llamada Causa del Progreso -hoy prácticamente reducida a la innovación cualitativa en la tecnología- esté sujeta a accidentes no es considerado como un defecto o culpa que haya que achacarle, sino como una suerte de portazgo o de peaje que legitima la entrada en circulación de la nueva mercancía, o hasta la credencial que avale y ennoblece al portador para poder presentarla dignamente ante cualquiera. Se diría que la sangre y la muerte son a los ojos de los hombres el más seguro y acreditado título de garantía sobre el valor de cualquier cosa; y aquello que haya costado sangre y muerte aquello mismo tienen por lo más valioso."
("Mientras no cambien los dioses nada habrá cambiado", Rafael Sánchez Ferlosio.)

Odio Cargui.

Los trabajos físicos tienen una consideración pésima en nuestro entorno. El salario que se recibe por ser un mulo es una mierda, el prestigio que se asocia a currar de mozo de carga y descarga es nulo. Cualquiera puede realizar la actividad muscular que implica transportar diferentes objetos de un lugar a otro; no se necesita un talento especial para remontar cajas, empujar flight cases o sujetar paneles. De la ancestral división social entre dirigentes y dirigidos, son los que ordenan, portadores del intelecto, los que han de manejar el vocabulario, los razonamientos adecuados, para organizar adecuadamente las actividades, y son los que obedecen los que soportan las incómodidades derivadas de las tareas físicas. Al mozo de carga y descarga se le exige que su cuerpo esté siempre disponible para ejecutar las órdenes de los técnicos, a los técnicos se les exige un montaje correcto y un uso adecuado de la tecnología cuando se ejecute el espectáculo. Generalmente, a unos y a otros se la suda la calidad del espectáculo, como trabajadores mercancías ponen sus servicios a representaciones teatrales o musicales que desprecian, o que simplemente valoran en función del salario que reciben. Pocos son los casos en que uno puede sentirse agusto por haber colaborado en montajes que considera respetables.
La mayor ventaja de ser un mulo de carga y descarga es la sensación de desprendimiento respecto al espectáculo a montar. Dentro de que tenemos que realizar la tarea estipulada, y que muchas veces resulta desagradable, el compromiso es mínimo, y el escarnio con el que tratamos muchas de las representaciones en las que colaboramos, resulta muy saludable. Estamos alejados de la vanagloria de algunos especialistas en iluminación y sonido, en el mejor de los casos orgullosos de tener la habilidad de utilizar eficientemente las características de una mesa de mezclas y de saber resolver las complicaciones que puedan surgir en los diferentes escenarios; somos ajenos a la presunción de los jefes técnicos, encantados con la posibilidad de dirigir un equipo, satisfechos de considerarse arquitectos del espectáculo. Sea este compromiso mayor y los quebraderos de cabeza asociados, recompensados a nivel salarial y a nivel de prestigio social. Los carguis somos la escoria desdeñable, ratas en las cloacas del mundo del espectáculo, usados como cosas recambiables de alquiler barato por horas; aquellos chavales a despreciar por no haber podido o sabido labrarse una posición más respetable en la oferta laboral, aquellos que no son nada y a nada llegarán. No se conoce a chaval de carga y descarga que haya intentado seducir a mujer alguna amparándose en su ocupación habitual, no se conocen padres de carguis que hayan presumido del precario trabajo de su hijo.
La estupidez de la sociedad de la mercancía, del trabajo abstracto, del valor de cambio, no puede cerrarnos los ojos ante una evidencia cruel: habitualmente las situaciones en las sociedades modernas se estructuran sobre el intercambio de humillaciones. Cuando el plantel de técnicos se muestra despectivo y demuestra un carácter podrido surge una resistencia a baja intensidad: las órdenes se ejecutan con arisca lentitud, la disponibilidad disminuye, los momentos de curro más arriesgados son acompañados con comentarios injuriosos, el malestar aumenta y se comparte en los intervalos en que se junta el elenco cargui... De estas situaciones suelen surgir las discusiones abiertas: "a vosotros os pagan por esto, así que a currar y a callar", "tú tienes el trabajo de puta madre, el mío es una mierda", "no me cuentes tus problemas, a ti te pagan por esto", "puedo hacer de mis problemas tus problemas", etc. Lo más absurdo resulta cuando alguien te considera privilegiado por poder vender alguna hora de tu fuerza de trabajo. Antes los peones se sabían parte de la población desafortunada, ahora se les considera privilegiados que pueden llevar un salario a casa. Los carguis nunca pudieron alardear de recibir un salario serio, pero ahora son población activa que tiene la ventaja de ganar unos euros. La mayoria de los chavales de carga y descarga tienen situaciones vitales enrevesadas: viven con sus padres, son avezados en el arte de sobrevivir en la economía sumergida, son estudiantes eternos y trabajadores precarios a rebufo del mercado, o han conseguido frágiles equilibrios económicos por algún beneficio de la suerte. Las humillaciones son más dolorosas cuando provienen de quien ha compartido tu misma suerte y ahora, al saberse favorecido por las circunstancias, reprocha tu incapacidad, tu falta de habilidad o tu apática actitud.