jueves, 21 de febrero de 2019

Alex Gibney, "La mentira de Lance Armstrong" [2013]


La historia de Lance Armstrong era una fascinante fábula del deporte de élite: un hombre que tras sobrevivir a un cáncer de testículos, logra convertirse en el ciclista dominante del pelotón internacional, consiguiendo lo nunca acontecido, siete victorias consecutivas del Tour de Francia, por encima de los nombres legendarios del deporte sobre dos ruedas: Eddy Merck, Miguel Induráin, Jacques Anquetil o Bernard Hinault. Una historia de seductor poderío, épica, que como toda historia humana, esconde su lado sórdido: el dopaje. Recuerden algunos casos famosos: el caso Festina o el caso Friburgo, la Operación Grial o la Operación Puerto. Recuerden algunos nombres famosos de la larga lista de ciclistas lastrados por la mácula del doping: el héroe nacional Alberto Contador, 'El Pirata' Marco Pantani, 'El Terrible' Iván Basso, el disoluto Aitor González, el apodado ácidamente 'Mr. 60%' Bjarne Riis, 'Der Kaiser' Jan Ullrich, o uno de mis ídolos de infancia, Laurent Jalabert. ¿Recuerdan al ciclista galés Arthur Linton? Se considera que fue la primera 'muerte deportiva' asociada al dopaje, ¿y a Tom Simpson, Roger Wilde, Valentín Uriona?. ¿Cómo definía el barón de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos, la esencia del deporte? 'Mens fervida in corpore lacertoso', un espíritu ferviente en un cuerpo fornido. ¿Algún ciclista profesional, por no ampliar a deportista de élite, desde la década de los noventa, no ha experimentado en sí mismo con sustancias ilícitas para optimizar su rendimiento? Los habrá. El caso de Lance Armstrong ejemplifica adecuadamente la conversión de la medicina deportiva en una cuestionable técnica de fabricación de campeones: el doctor Michele Ferrari, confeso tanteador de métodos prohibidos, fue el preparador personal del paladín de Austin. Armstrong, paradigma del espíritu del competidor profesional: ambicioso, carismático, adicto a la victoria, desmedido en su afán de dominación, embustero, insolente, hábil manipulador de su imagen. ¿Cómo podrán fabricarse en un futuro nuevos campeones que superen las marcas establecidas? ¿Cómo llegarán los deportistas a la cima de su profesión sin un desarrollo continuado de los métodos de dopaje? Los horizontes se van perfilando en torno a la manipulación genética: un investigador llamado Lee Sweeney, de la universidad de Pensilvania, consiguió aumentar en un veintesiete por ciento la masa muscular de ratones mediante la modificación de sus ADNs. 'Citius, altius, fortius', más rápido, más alto, más fuerte, pronunció el mismo Pierre Coubertin en la inauguración de los primeros Juegos de la Edad Moderna, en 1896 en Atenas.

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