miércoles, 31 de julio de 2019

Nigel Cole, "Made in Dagenham" [2010]


La huelga de las 187 mujeres lideradas por Rita O'Grady de la factoría de la todopoderosa Ford en Dagenham, Gran Bretaña, por la Equal Pay Act, la ley de igualdad de salarios entre hombres y mujeres, en aquel fogoso año de 1968. Por aquel entonces estaban los laboristas en el gobierno inglés, y Barbara Castle, la reina roja, regenta del Ministerio de Trabajo y Productividad, mostró su simpatía a las demandas de las huelguistas. Las relaciones sociales estallaron durante aquellos días.

martes, 30 de julio de 2019

Silvia Federici, "El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo" [2018]

Silvia Federici, lleva a Marx más allá de Marx. Centrándose en la cuestión de la reproducción de la vida (el trabajo doméstico, la sexualidad, la procreación) consigue dar un buen revolcón a las ya insostenibles deficiencias de la izquierda, en cualquiera de sus escuelas, que han ninguneado el trabajo del hogar realizado por las mujeres, tradicionalmente productoras de la mercancía más preciosa aparecida en el mercado capitalista: la fuerza de trabajo. Con pluma instruida y punzante, repasa en los artículos recogidos en "El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo", las fallas, las ausencias, invisibilizaciones o naturalizaciones, en la magna obra teórica de Karl Marx, además de polemizar en torno a una consigna de combate feminista central: el Salario para el Trabajo Doméstico.


"Nuestro objetivo es no tener precio, valorarnos fuera del mercado, que el precio sea inasumible, para que el trabajo reproductivo, el trabajo en la fábrica y el trabajo en la oficina sean 'antieconómicos'."

(Silvia Federici, "El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo", 2018.)

lunes, 29 de julio de 2019

Mario Monicelli, "Los camaradas" [1963]


Una crónica de una huelga en una fábrica textil de Turín a finales del siglo XIX. Una joya del cine obrerista que fue censurada en España.

"Cada huelga recuerda a los capitalistas que los verdaderos dueños no son ellos, sino los obreros, que proclaman sus derechos con creciente fuerza. Cada huelga recuerda a los obreros que su situación no es desesperada y que no están solos. Véase qué enorme influencia ejerce una huelga, tanto sobre los huelguistas como sobre los obreros de las fábricas vecinas o próximas, o de las fábricas de la misma rama de industria. En tiempos normales, pacíficos, el obrero arrastra en silencio su carga, no discute con el patrono ni reflexiona sobre su situación. Durante una huelga, proclama en voz alta sus reivindicaciones, recuerda a los patronos todos los atropellos de que ha sido víctima, proclama sus derechos, no piensa en sí solo ni en su salario exclusivamente, sino que piensa también en todos sus camaradas, que han abandonado el trabajo junto con él y que defienden la causa obrera sin temor a las privaciones. Toda huelga acarrea al obrero gran número de privaciones, terribles privaciones, que sólo pueden compararse con las calamidades de la guerra: hambre en la familia, pérdida del salario, a menudo detenciones, expulsión de la ciudad donde residía y trabajaba. Y a pesar de todas estas calamidades, los obreros desprecian a quienes abandonan a sus camaradas y entran en componendas con el patrono. A pesar de las calamidades de la huelga, los obreros de las fábricas vecinas sienten entusiasmo cuando ven que sus camaradas han iniciado la lucha. 'Los hombres que resisten tales calamidades para quebrar la oposición de un burgués, sabrán quebrar también la fuerza de toda la burguesía', decía un gran maestro del socialismo, Engels, hablando de las huelgas de los obreros ingleses. Con frecuencia, basta que se declare en huelga una fábrica para que inmediatamente comience una serie de huelgas en otras muchas fábricas. ¡Tan grande es la influencia moral de las huelgas, tan contagiosa es la influencia que sobre los obreros ejerce el ver a sus camaradas que, aunque sólo sea temporalmente, se convierten de esclavos en personas con los mismos derechos que los ricos!"

(V.I. Lenin, "Sobre las huelgas", 1899.)

domingo, 28 de julio de 2019

Antonio Tabares, "La punta del iceberg" [2011]


La compañía La Abadía representó hace unos años en el teatro Bretón de Logroño una obra interesante, "La punta del iceberg" escrita por Antonio Tabares. Cuenta su autor que la idea le sobrevino cuando se enteró de tres casos de suicidio de trabajadores de la Renault en la planta de innovación tecnológica Guyancourt. Descubrió casos similares, el más mediático, el suicidio de alrededor de cuarenta trabajadores de France Telecom entre 2008 y 2009. ¿Cuál fue el motivo? ¿Una insoportable traición, un duelo agónico que te hace sucumbir, una tragedia no superada? Los denominan factores de riesgo... ¿La incomunicación, la presión del éxito, la tensión de las exigencias productivas? Quizá sólo la punta del iceberg... La obra se adentra, diría que en algún momento con gran fortuna y verosimilitud, en las tirantes relaciones humanas que dominan el ámbito laboral.

jueves, 25 de julio de 2019

Vsevolod Pudovkin, "El fin de San Petersburgo" [1927]


Al igual que 'Octubre' de Eisenstein, esta película es un encargo del gobierno soviético para conmemorar el décimo aniversario de la Revolución Rusa. Y como si estuviera bombardeando el Palacio de Invierno desde el crucero Aurora, homenajea Pudovkin los emblemáticos sucesos que desembocaron en aquel épico octubre a través de un campesino que ha de emigrar, para encontrar trabajo, a una San Petersburgo fabril en abierta lucha de clases. El chico pobre e ingenuo, proveniente del campo, ejerce de delator de los comunistas organizadores de una huelga, y denigrado por las mujeres del bloque de viviendas, avergonzado por su traición, recobrará su dignidad enfrentándose a guantazos al burgués propietario de la factoría, otra de las hienas que se agolpa en el parque de la carroña accionarial que impulsa al alza el negocio de la muerte. La guerra llama a colmar las catacumbas de la patria de sangre proletaria entre desfiles militares y vítores entusiastas, y a sus trincheras nuestro joven campesino es obligado a acudir para presenciar los cruentos sacrificios humanos que demanda la madre Rusia, el padrecito zar y el capital. Y de los límites del sufrimiento, de la solidaridad de los desheredados, de la insubordinación de los condenados, de la audacia de los valientes, surgirá la fuerza revolucionaria que abrirá un presente de gloria y un futuro de esperanza a los habitantes de la ciudad rebautizada como Petrogrado.
¡Honor al proletariado de Petrogrado!