La Guerra de Irak fue un desastre que ha traído tanta crueldad y miseria que una imaginación sensata haría bien en no bordearla, si le es posible. La serie creada por el gran David Simmon, inspirada en el libro homónimo del periodista Evan Wright, recrea el periplo conquistador de la compañía Bravo del Primer Batallón de Reconocimiento del cuerpo de los Marines de EEUU, su destructor tránsito del norte de Kuwait a Bagdad. Era la continuación, tras la Guerra de Afganistán, de la Guerra contra el Terror, auspiciada por el Trío de las Azores. Las consecuencias de tan chapucera operación perduran, y perdurarán con sus cambiantes manifestaciones.
lunes, 6 de enero de 2020
David Simmon, "Generation Kill" [2008]
La Guerra de Irak fue un desastre que ha traído tanta crueldad y miseria que una imaginación sensata haría bien en no bordearla, si le es posible. La serie creada por el gran David Simmon, inspirada en el libro homónimo del periodista Evan Wright, recrea el periplo conquistador de la compañía Bravo del Primer Batallón de Reconocimiento del cuerpo de los Marines de EEUU, su destructor tránsito del norte de Kuwait a Bagdad. Era la continuación, tras la Guerra de Afganistán, de la Guerra contra el Terror, auspiciada por el Trío de las Azores. Las consecuencias de tan chapucera operación perduran, y perdurarán con sus cambiantes manifestaciones.
domingo, 5 de enero de 2020
Alfonso Sastre, "Escuadra hacia la muerte" [1952]
"Este es el traje de los hombres: un uniforme de soldado. Los hombres hemos vestido siempre así, ásperas camisas y ropas que no protegen del frío ni del calor... Correajes... El fusil al hombro... Lo demás son ropas afeminadas... La vergüenza de la especie."
Una obra del admirable dramaturgo Alfonso Sastre, que estrenada en marzo de 1953 en el madrileño teatro María Guerrero, fue censurada por el Alto Estado Mayor del Ejército tras tres días en cartel, argumentaba la autoridad de la institución que 'la obra retrataba todo lo innoble que puede ser el sujeto humano', que llevaba 'al espíritu del espectador una impresión irreal de la familia militar'. Decía Sastre que la obra es 'una invitación al examen de conciencia de una generación de dirigentes que parecía dispuesta, en el silencioso clamor de la guerra fría, a conducirnos al matadero'. En la castrense tragedia moderna, albor de la Tercera Guerra Mundial, no hay caras nobles, sólo cabe asumir conscientemente que inocentes sólo son las piedras. Celebremos que todavía se revisen las obras de Alfonso Sastre y que puedan disfrutarse en nuestras ciudades.
sábado, 4 de enero de 2020
Ingrid Guardiola, "Dones i espai public" [2016]
"En los ojos de la gente, en el ir y venir y el ajetreo; en el griterío y el zumbido; los carruajes, los automóviles, los autobuses, los camiones, los hombres-anuncio que arrastran los pies y se balancean; las bandas de viento; los organillos; en el triunfo, en el campanilleo y en el alto y extraño canto de un avión en lo alto, estaba lo que ella amaba: la vida, Londres, este instante de junio".
(Virginia Wolf, "Mrs Dalloway", 1925.)
salir a la calle solas, disfrutar del derecho al anonimato, convertirse en 'flaneuse', sin ser asaltadas por la mirada vigía o sin interpelaciones groseras, encontrar refugio en un espacio exterior dinámico e impredecible en el que poder multiplicarse con otros y otras y vivir sus peculiares formas de honestidad y afecto, caminar entre desconocidos y escabullirse de las habladurías y de los rumores, eludir las vigilancias ejercidas en nombre de la comunidad, gozar del anonimato, ensayar los mejores intentos de fuga, acercarse a conocer en qué puede consistir la libertad,
"Ese marcaje espacial de las mujeres se traduce igualmente en un escamoteo del derecho a disfrutar de las ventajas del anonimato y la individuación que deberían residir las relaciones entre desconocidos en espacios públicos. La naturaleza neutra y mixta del espacio público es, no nos hagamos ilusiones, mucho más una declaración de principios que una realidad palpable, como también lo es la promiscuidad relacional que se supone que en él rige. Paradójicamente, en la calle esa misma mujer que vemos invisibilizada como como sujeto social sufre una hipervisibilización, como objeto de atención ajena. Las mujeres -o ciertas mujeres consideradas codiciables por los hombres- son constantemente víctimas de agresiones sexuales expresadas en sus niveles más elementales -el asalto con la mirada, la interpelación grosera bajo la forma de piropo-, pero ese exceso de focalización también puede adoptar la forma mucho más sutil del trato galante. En la calle, más que en otros sitios, las mujeres pueden descubrir hasta qué punto es cierto lo que aprecia Pierre Bourdieu de que son seres ante todo percibidos, puesto que existen fundamentalmente por y para la mirada de los demás, lo que cabe colocar en la misma base de la inseguridad a que se las condena."
(Manuel Delgado, “Sociedades movedizas”, 2007.)
"Empecé a pensar esto como alternativa de explicación ante algo que aparecía como irracional. Porque buscamos siempre la dimensión instrumental de la violencia. Nos preguntamos «para qué». Intenté, en cambio, rastrear en estos crímenes la dimensión expresiva. Toda violencia tiene una dimensión instrumental y otra expresiva. En la violencia sexual, la expresiva es predominante. No se trata de obtener un servicio sin pagar. El ataque sexual común, del violador de calle, tiene una racionalidad evasiva, difícilmente capturable hasta se permite la copia para los propios agresores. Cuando un preso, ya condenado, un tiempo después del hecho, es confrontado con la violación que cometió, lo que encuentra es algo tan opaco que se asombra, se espanta, él mismo no consigue acceder a la racionalidad de ese acto, a pesar de que lo ha perpetrado. Es como que la violación se apropia de la persona del propio violador, la sorprende. Hay una estructura compartida que actúa a través del sujeto, desde dentro de sí, utilizando al individuo para operar un pasaje al acto. Y la persona se disuelve en ese acto. El sujeto que está en una búsqueda por reconstruir su virilidad se apropia de un tributo femenino y se construye como hombre. He analizado este tipo de irrupción de un contenido compartido a través del sujeto en la violación en mi libro Las estructuras elementales de la violencia. Lacan tiene dos categorías diferentes para dar cuenta de estas irrupciones: el acting out, en la cual en lugar de hablar la persona se expresa a través de una acción expresiva de ese contenido; y el passage a l’acte, en la que el sujeto se destruye en la acción. Esto ocurre en la violación. Es muy impresionante escuchar al violador decir: «yo ahí me morí», «me maté». En la atmósfera patriarcal colonial moderna, la violación se vive como un asesinato moral. Solo que la mujer que es violada no tiene por qué acatarlo de esa forma. Esto me trajo muchos problemas con las feministas, sobre todo mexicanas. La violación es una agresión tremenda pero no necesariamente un asesinato moral, a pesar de que su intención lo sea. Es la atmósfera patriarcal que respiramos lo que la convierte en un asesinato moral, atmósfera patriarcal de la cual el violador es un agente."
(Rita Laura Segato, "La guerra contra las mujeres", 2013.)
(Virginia Wolf, "Mrs Dalloway", 1925.)
salir a la calle solas, disfrutar del derecho al anonimato, convertirse en 'flaneuse', sin ser asaltadas por la mirada vigía o sin interpelaciones groseras, encontrar refugio en un espacio exterior dinámico e impredecible en el que poder multiplicarse con otros y otras y vivir sus peculiares formas de honestidad y afecto, caminar entre desconocidos y escabullirse de las habladurías y de los rumores, eludir las vigilancias ejercidas en nombre de la comunidad, gozar del anonimato, ensayar los mejores intentos de fuga, acercarse a conocer en qué puede consistir la libertad,
"Ese marcaje espacial de las mujeres se traduce igualmente en un escamoteo del derecho a disfrutar de las ventajas del anonimato y la individuación que deberían residir las relaciones entre desconocidos en espacios públicos. La naturaleza neutra y mixta del espacio público es, no nos hagamos ilusiones, mucho más una declaración de principios que una realidad palpable, como también lo es la promiscuidad relacional que se supone que en él rige. Paradójicamente, en la calle esa misma mujer que vemos invisibilizada como como sujeto social sufre una hipervisibilización, como objeto de atención ajena. Las mujeres -o ciertas mujeres consideradas codiciables por los hombres- son constantemente víctimas de agresiones sexuales expresadas en sus niveles más elementales -el asalto con la mirada, la interpelación grosera bajo la forma de piropo-, pero ese exceso de focalización también puede adoptar la forma mucho más sutil del trato galante. En la calle, más que en otros sitios, las mujeres pueden descubrir hasta qué punto es cierto lo que aprecia Pierre Bourdieu de que son seres ante todo percibidos, puesto que existen fundamentalmente por y para la mirada de los demás, lo que cabe colocar en la misma base de la inseguridad a que se las condena."
(Manuel Delgado, “Sociedades movedizas”, 2007.)
"Empecé a pensar esto como alternativa de explicación ante algo que aparecía como irracional. Porque buscamos siempre la dimensión instrumental de la violencia. Nos preguntamos «para qué». Intenté, en cambio, rastrear en estos crímenes la dimensión expresiva. Toda violencia tiene una dimensión instrumental y otra expresiva. En la violencia sexual, la expresiva es predominante. No se trata de obtener un servicio sin pagar. El ataque sexual común, del violador de calle, tiene una racionalidad evasiva, difícilmente capturable hasta se permite la copia para los propios agresores. Cuando un preso, ya condenado, un tiempo después del hecho, es confrontado con la violación que cometió, lo que encuentra es algo tan opaco que se asombra, se espanta, él mismo no consigue acceder a la racionalidad de ese acto, a pesar de que lo ha perpetrado. Es como que la violación se apropia de la persona del propio violador, la sorprende. Hay una estructura compartida que actúa a través del sujeto, desde dentro de sí, utilizando al individuo para operar un pasaje al acto. Y la persona se disuelve en ese acto. El sujeto que está en una búsqueda por reconstruir su virilidad se apropia de un tributo femenino y se construye como hombre. He analizado este tipo de irrupción de un contenido compartido a través del sujeto en la violación en mi libro Las estructuras elementales de la violencia. Lacan tiene dos categorías diferentes para dar cuenta de estas irrupciones: el acting out, en la cual en lugar de hablar la persona se expresa a través de una acción expresiva de ese contenido; y el passage a l’acte, en la que el sujeto se destruye en la acción. Esto ocurre en la violación. Es muy impresionante escuchar al violador decir: «yo ahí me morí», «me maté». En la atmósfera patriarcal colonial moderna, la violación se vive como un asesinato moral. Solo que la mujer que es violada no tiene por qué acatarlo de esa forma. Esto me trajo muchos problemas con las feministas, sobre todo mexicanas. La violación es una agresión tremenda pero no necesariamente un asesinato moral, a pesar de que su intención lo sea. Es la atmósfera patriarcal que respiramos lo que la convierte en un asesinato moral, atmósfera patriarcal de la cual el violador es un agente."
(Rita Laura Segato, "La guerra contra las mujeres", 2013.)
viernes, 3 de enero de 2020
Luís Estrada, "El Narco (El infierno)" [2010]
El año 2010 fue el bicentenario de la Independencia de México, y el centenario del inicio de la Revolución Mexicana. Y de entre los obsequios dedicados a la memoria de tan magnos acontecimientos, considérese esta película, que con humor y empatía, se acerca a la sequía de posibilidades de vida pacificada y honesta que viven múltiples localidades mexicanas.
"Esos asesinatos, esas muertes, le enfurecen. Le enfurece que sea eso por lo que los conocen ahora, por los cárteles de la drogas y las matanzas. Esta es su ciudad de la avenida Dieciséis de Septiembre, el Teatro Victoria, las calles adoquinadas, la plaza de toros, La Central, La Fogata, más librerías que en El Paso, la universidad, el ballet, garapiñados, pan dulce, la misión, la plaza, el Bar Kentucky, Fred's... Ahora es conocida por esos matones imbéciles. Y su país, México, tierra de escritores y poetas: Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Elena Garro, Jorge Volpi, Rosario Castellanos, Luis Urrea, Elmer Mendoza y Alfonso Reyes; tierra de pintores: Diego Rivera, Frida Kahlo, Gabriel Orozco, Pablo O'Higgins, Juan Soriano y Francisco Goitia; de bailarinas como Guillermina Bravo, Gloria y Nellie Campobevestre, Josfina Lavalle y Ana Mérida; de compositores: Carlos Chávez, Silvestre Revueltas, Agustín Lara, Blas Galindo; de arquitectos: Luis Barragán, Juan O'Gorman, Tatiana Bilbao, Michel Rojkind, Pedro Vásquez; de cineastas maravillosos: Fernando de Fuentes, Alejandro Iñarritu, Luis Buñuel, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro; de actores como Dolores del Río, la Doña María Félix, Pedro Infante, Jorge Negrete y Salma Hayel. Ahora los nombres son narcos 'famosos', nada más que asesinos sociópatas cuya sola aportación a la cultura han sido los 'narcocorridos' que cantan sicofantes sin talento. México, la tierra de las pirámides y los palacios, de los desiertos y las junglas, de las montañas y las playas, de los mercados y los jardines, de los bulevares y las calles de adoquín, de las extensas plazas y los patios escondidos, ahora es conocido como la tierra de las matanzas. Y ¿para qué? Para que los estadounidenses puedan colocarse."
(Don Winslow, "El Cártel", 2016)
"Esos asesinatos, esas muertes, le enfurecen. Le enfurece que sea eso por lo que los conocen ahora, por los cárteles de la drogas y las matanzas. Esta es su ciudad de la avenida Dieciséis de Septiembre, el Teatro Victoria, las calles adoquinadas, la plaza de toros, La Central, La Fogata, más librerías que en El Paso, la universidad, el ballet, garapiñados, pan dulce, la misión, la plaza, el Bar Kentucky, Fred's... Ahora es conocida por esos matones imbéciles. Y su país, México, tierra de escritores y poetas: Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Elena Garro, Jorge Volpi, Rosario Castellanos, Luis Urrea, Elmer Mendoza y Alfonso Reyes; tierra de pintores: Diego Rivera, Frida Kahlo, Gabriel Orozco, Pablo O'Higgins, Juan Soriano y Francisco Goitia; de bailarinas como Guillermina Bravo, Gloria y Nellie Campobevestre, Josfina Lavalle y Ana Mérida; de compositores: Carlos Chávez, Silvestre Revueltas, Agustín Lara, Blas Galindo; de arquitectos: Luis Barragán, Juan O'Gorman, Tatiana Bilbao, Michel Rojkind, Pedro Vásquez; de cineastas maravillosos: Fernando de Fuentes, Alejandro Iñarritu, Luis Buñuel, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro; de actores como Dolores del Río, la Doña María Félix, Pedro Infante, Jorge Negrete y Salma Hayel. Ahora los nombres son narcos 'famosos', nada más que asesinos sociópatas cuya sola aportación a la cultura han sido los 'narcocorridos' que cantan sicofantes sin talento. México, la tierra de las pirámides y los palacios, de los desiertos y las junglas, de las montañas y las playas, de los mercados y los jardines, de los bulevares y las calles de adoquín, de las extensas plazas y los patios escondidos, ahora es conocido como la tierra de las matanzas. Y ¿para qué? Para que los estadounidenses puedan colocarse."
(Don Winslow, "El Cártel", 2016)
jueves, 2 de enero de 2020
Sidney Lumet, "Doce hombres sin piedad" [1956]
La honestidad, el coraje, la firmeza de los pocos humanos justos. ¿Quién se opondrá a los juicios asumidos con más o menos ligereza por cualquier tribunal impío, probablemente ofuscado por sus opiniones preconcebidas, habitualmente empantanado en la valoración autocomplaciente, seguramente obstinado en la solemnidad de su veredicto? El jurado número ocho, el héroe de la palabra, quien siembra la duda con aplomo e inteligencia, el que cuestiona el rumor condenatorio dominante con conocimiento y habilidad, un tipo apto para asumir el liderazgo en una situación complicada.
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