jueves, 27 de diciembre de 2018

Corsino Vela, "Capitalismo terminal. Anotaciones a la sociedad implosiva" [2018]


Corsino Vela, viejo participante de las luchas obreras autónomas de la década de los setenta, fue regente de una de las editoriales de sumo interés de la década pasada: Alikornio Ediciones. El objeto de análisis de este "Capitalismo terminal" es la economía, o las transformaciones que pretenden mantener estable el inexorable estrechamiento de los márgenes de ganancia o lo que se denomina como ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio, un análisis desarrollado con la pretensión de confeccionar la crítica de la economía política dominante, a izquierda y derecha, para, en la mejor tradición marxiana, apuntar guías de superación de las categorías del capital que tiranizan la sociedad. Una explicación exhaustiva de la crisis como realidad tangible experimentada en los conflictos y vaivenes de la vida cotidiana, la intensificiación de la explotación, la precariedad, el desempleo, el envenenamiento, las huelgas, la crisis de la democracia, los desplazamientos de población, la tendencia hacia el derrumbe del edifico social.

"En ausencia de una perspectiva clara de ruptura, ni siquiera hay lugar, por la vía muerta donde transita el institucionalismo, para una reforma significativa de la producción y redistribución de la riqueza. La dinámica del capital en la integridad de su ciclo (producción, circulación y realización) estrecha progresivamente los márgenes de maniobra en cada fase del mismo. En ese sentido, nada cabe esperar de la evolución del capital si no es un empeoramiento progresivo de las condiciones de existencia humanas y del planeta. Si existe alguna posibilidad de no sucumbir al desmoronamiento de la sociedad capitalista, solo podrá consistir en la autoconstitución de la población proletarizada bajo presupuestos realmente antagonistas, es decir, mediante la transformación de sus condiciones materiales de existencia desde sí misma y para sí misma, y no desde planteamientos meramente verbales, discursivos, simbólicos o institucionales."

(Corsino Vela, "Capitalismo terminal. Anotaciones a la sociedad implosiva", 2018.)

Chuck D, "Fight the power. Rap, raza y realidad" [1997]

"El crimen entre los jóvenes, las armas y la violencia de las gangs son ahora temas nacionales. Cuanto más portadas y eco mediático le den, más grande se hará. Hay gente en Alemania expresándose con gestos propios de los gangs porque están impresionados por su cultura. Si hablas con alguien de ocho, nueve, o diez años de edad, con niños fácilmente impresionables -y las presiones son más fuertes que nunca a esta edad- tienes muchos puntos en los que deseducarles. Empecé a ver aflorar vestigios de las gangs en otras ciudades después de la película 'Colors'. Después de que se estrenara la película y de que surgiera una buena cantidad de rap en la Costa Oeste, muchos jóvenes de otras áreas empezaron a buscar información dentro del mundo del rap. Y los chavales, no importa de donde, son impresionables. Cuando alguien aparece en televisión o en los vídeos, siempre es visto como más glamouroso, incluso cuando está hablando acerca de la realidad de su propio barrio."

(Chuck D, "Fight the power. Rap, raza y realidad", 1997.)


"La policía nos pega constantemente, y nos mata, pero aún toleramos verles cada día sin dispararles. Sin embargo, una vez que vemos esos trapos azules o esos trapos rojos, ¿tenemos que pensar en matar a alguien? Tenemos delante a personas cuyas familias violaron a nuestros antepasados, los mataron y los colgaron de los testículos, los torturaron y los aniquilaron. Si podemos olvidar esto y caminar todos los días alrededor de gente como ésta, entonces debemos de ser capaces de perdonarnos fácilmente los unos a los otros. No conoces a un hermano que haya despellejado a otro hermano vivo, que le haya rociado con sal, le haya hervido en aceite y le haya matado. Yo no conozco a ningún hermano que le haya hecho eso a otro hermano. Los blancos nos lo han hecho un sinfín de veces, y les perdonamos. Si podemos perdonar cosas como ésa, entonces ciertamente podemos perdonar a un hermano por disparar a otro hermano; en verdad ni siquiera pretendía hacerlo... Tenemos que perdonarnos los unos a los otros, tenemos que dejar que todo pase."

(General Robert Lee citado por Chuck D, "Fight the power: Rap, Raza y Realidad", 1997.)

Simon Critchley, "Apuntes sobre el suicidio" [2014]


Son unos buenos apuntes, "Apuntes sobre el suicidio" de Simon Critchley, que ya saben mis lectores furtivos que soy diletante de esa compleja materia que se ha dado en llamar suicidología. Es un libro de lectura inspiradora que sigue el asunto custodiado por autores, algunos ya clásicos algunos aspirantes a serlo, disertadores sobre la materia: de Albert Camus a Edouard Levé, de Virginia Woolf a Émile Cioran. En la discusión, que se plantea relacionada con la libertad suprema que concede al individuo la posibilidad de quitarse la vida, también resulta relevante esta reflexión, intuida por la turbia disposición que podría planear sobre una posible asunción colectiva de un fenómeno de resultado tan inapelable,

"No parece en absoluto inconcebible, en mi opinión, vislumbrar una pendiente resbaladiza desde una posición legal y moral que autoriza el suicidio, ya sea asistido, acompañado o solitario, a una posición en la que la sociedad ejerce una presión suave o no tan suave en aquellas personas que considera inútiles, excedentarias con respecto a las necesidades de la sociedad, o parásitas de los servicios públicos para que se quiten de en medio: 'Vamos, haz algo de derechas, por el bien de la comunidad, y suicídate. Por lo menos alguien podrá quedarse con tu empleo y habrá una boca menos que alimentar'."

(Simon Critchley, "Apuntes sobre el suicidio", 2014.)

Gabriel González Ortiz, "Hablemos del suicidio. Pautas y reflexiones para abordar este problema en los medios" [2018]


Como política mediática alrededor del suicidio, prevalece el silencio, el temor a fomentar lo que se conoce como 'efecto Werther', el contagio de 'el mal del siglo'. Un silencio, un tabú, rodeado de un halo de oscurantismo, a pesar de su sorprendente frecuencia. A veces se reportan suicidios en las páginas de sucesos de los periódicos, como el suicidio de Robbin Williams o Kym Jong-Huin, o, considerado asunto de interés general, el suicidio de algún desahuciado, que para quien esté algo familiarizado con la complejidad del fenómeno, supone una instrumentalización deshonesta. El libro de Gabriel González Ortiz, "Hablemos del suicidio. Pautas y reflexiones para abordar este problema en los medios", tiene el valor de plantear, diría que con escrupulosa sensatez, cómo romper el silencio mediático que rodea al suicidio, tomando como perspectiva una óptica preventiva que no aumente el daño de los allegados, ni simplifique el fenómeno, que es multicausal, de interacción compleja no unívoca. Supervivientes de intentos frustrados y asociaciones de familiares reclaman que se hable del suicidio, y cada vez tendrá que ser más usual ver noticias relacionadas en las secciones sobre salud de los distintos medios. Y algún día se elaborará un Plan Nacional para la Prevención, y quizá funcione.

David Cooper, "El lenguaje de la locura" [1978]


"No hay esperanza. Sólo hay lucha permanente. Ésta es nuestra esperanza. Ésta es una primera frase, en el lenguaje de la locura."

David Cooper ya empezaba su introducción de "El lenguaje de la locura" con una recriminación que recibiría de sus adversarios, 'se me acusará de minimizar el sufrimiento de la 'enfermedad mental' y de 'glorificar la locura como supercordura'', y cruda certeza que revela una certeza tirana, cuando en nuestra era, es más usual que el proceso desestructurador que manifiesta el discurso demente se estanque en un lodazal pringoso de culpa atormentada, o en la espiral paranoica de un delirio estéril, para finalmente quizá desahogarse y reconciliarse en la realidad dominante con las horas compradas a los confesionarios de psiquiatras y psicólogos.

"Lo que hay que hacer históricamente en nuestra sociedad es sacar la locura de cualquier contexto clínico, que no tiene ninguna función aparte de la represión y del control social, y encontrar su lugar en un mundo de creatividad universal. Esto implica una acción política. La enfermedad mental y la psiquiatría no pueden tener lugar en una auténtica sociedad socialista. Más que una analogía precisa, existe una lógica precisa que une la lucha de cualquier persona contra la alienación, por la plena expresión de la libertad y la autonomía, a la lucha de cualquier grupo, nación o clase oprimida."

(David Cooper, "El lenguaje de la locura", 1978.)