jueves, 27 de diciembre de 2018

David Cooper, "El lenguaje de la locura" [1978]


"No hay esperanza. Sólo hay lucha permanente. Ésta es nuestra esperanza. Ésta es una primera frase, en el lenguaje de la locura."

David Cooper ya empezaba su introducción de "El lenguaje de la locura" con una recriminación que recibiría de sus adversarios, 'se me acusará de minimizar el sufrimiento de la 'enfermedad mental' y de 'glorificar la locura como supercordura'', y cruda certeza que revela una certeza tirana, cuando en nuestra era, es más usual que el proceso desestructurador que manifiesta el discurso demente se estanque en un lodazal pringoso de culpa atormentada, o en la espiral paranoica de un delirio estéril, para finalmente quizá desahogarse y reconciliarse en la realidad dominante con las horas compradas a los confesionarios de psiquiatras y psicólogos.

"Lo que hay que hacer históricamente en nuestra sociedad es sacar la locura de cualquier contexto clínico, que no tiene ninguna función aparte de la represión y del control social, y encontrar su lugar en un mundo de creatividad universal. Esto implica una acción política. La enfermedad mental y la psiquiatría no pueden tener lugar en una auténtica sociedad socialista. Más que una analogía precisa, existe una lógica precisa que une la lucha de cualquier persona contra la alienación, por la plena expresión de la libertad y la autonomía, a la lucha de cualquier grupo, nación o clase oprimida."

(David Cooper, "El lenguaje de la locura", 1978.)

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