"La hechicera", un mimo de aire urbano,
'Simeta enamorada locamente de Delfis, que en los últimos días ha dejado de visitarla, tras recibir noticia de que él le es infiel recurre con la ayuda (un tanto precaria) de su sierva Téstilis a un rito mágico, con el que pretende recuperar a su desleal amante. Luego, en un soliloquio cuyo testigo es la Luna, nos cuenta el origen de su pasión y la historia de sus amores con Delfis',
una contribución a los conocimientos sobre la magia griega antigua, y una pieza inmortal de poesía erótica, rebosante de sensualidad en la exposición del obsesivo afán de posesión amorosa, motivo romántico de una pasión sin correspondencia, frustrada.
Simeta, una especie de ingenua aprendiz de bruja, operando con las potencias oscuras de la noche, con un lenguaje tenebroso y una rueda mágica en las manos, formula un conjuro para aprisionar el corazón de su casquivano amante Delfis, y le confiesa a la Luna inerte, con tenso dramatismo, los avatares pasionales del ardiente encuentro con su amado, el fuego iracundo que prende en su corazón, su amarga inevitable soledad.
"¡Mágica rueda, arrastra tú a mi casa a mi hombre!
Delfis me ha lastimado. Y yo por causa de Delfis
quemo el laurel. Que, lo mismo que este crepita
abrasándose y tan presto prendió y ni cenizas vi-
mos de él, así se consuma en la llama la carne de
Delfis.
¡Mágica rueda, arrastra tú a mi casa a mi hombre!
Tal como yo derrito esta cera con ayuda de la
diosa, así se derrita de pasión al momento Delfis el
mindio. Y tal como grita, por Afrodita movido, es-
te disco de bronce, que así aquel venga a girar a mi
puerta.
"¡Mágica rueda, arrastra tú a mi casa a mi hombre!
He aquí que guarda silencio la mar y guarda si-
lencio los vientos. Mas mi dolor dentro del pecho
no guarda silencio, sino que toda me abraso por
aquel que, cuitada de mí, en vez de hacerme su es-
posa, me ha llenado de oprobio sin ser ya doncella.
¡Mágica rueda, arrastra tú a mi casa a mi hombre!
Por tres veces una libación te dedico, Señora, por
tres veces esta fórmula pronuncio: '¡Que ya si a su
lado yace mujer, ya si hombre también, a tal grado
se olvide de ellos cuanto Teseo una vez, según di-
cen, en Día se olvidó de Ariadna la de trenzas her-
mosas.'
¡Mágica rueda, arrastra tú a mi casa a mi hombre!
La fárfara crece en Arcadia y con ella en el
monte enloquecen todas las potras y yeguas velo-
ces. Que así yo también vea a Delfis y como un lo-
co llegue a esta casa desde el gimnasio aceitoso.
¡Mágica rueda, arrastra tú a mi casa a mi hombre!
Esta orla Delfis perdió de su capa: ahora yo hilo a
hilo la arrojo en el fuego cruel. ¡Ay!, Amor doloro-
so, ¿por qué me has chupado toda la negra sangre
del cuerpo, como sanguijuela del pantano aferrán-
dote a mí?"
(Teócrito, "Idilios II. La Hechicera", siglo III antes de Cristo.)
domingo, 12 de enero de 2020
sábado, 11 de enero de 2020
Vittorio de Sica, "Dos mujeres" [1960]
Sería neorrealismo italiano tardío. De Sica consigue estremecerte con la historia de estas dos mujeres que huyen de Roma a la Italia rural para mantenerse a salvo de los bombardeos de los aliados. No he leído la obra de Alberto Moravia en la que está inspirada, "La campesina", tampoco el realismo social es un género literario que disfrute con inusual atenta fruición. El cine gana la partida, el naturalismo vivo durante la escena de la violación te cruje: guerra y violación, guerra y violación, qué horror.
jueves, 9 de enero de 2020
Julio César, "Comentarios de la guerra de las Galias" [del 58 al 50 antes de Cristo]
Ya se sabe. César fue una figura fundamental y determinante en su época. El reconocimiento y la admiración que recibió en vida quiso ser emulado por sus sucesores, que ya desde Octavio Augusto, accedían al mando supremo romano con el orgulloso título de 'César'. Fue una figura central en la transición del sistema oligárquico republicano a la monarquía imperial, un acicate de la reunión de la enorme fuerza de Roma, por encima de luchas políticas y partidistas, en un mando único fuerte e indestructible, a la par que magnánimo y atento al bienestar del pueblo. Era Julio César, pacificador de las Galias, el líder del partido de los populares, el sobrino de Cayo Mario, vencedor en la guerra civil contra las legiones senatoriales al mando de Pompeyo. En su libro quinto de los "Comentarios", antes de la definitiva batalla de Alesia, aquella que redujo al gran jefe galo Vercingétorix poniendo fin a la Guerra de las Galias, en los aires de rebelión del invierno de los años 54-53 a.C., cuando los campamentos romanos estacionados en el centro y nordeste de la tierra gala, tuvieron que enfrentar las revueltas de las bandas locales, alentadas por los druidas y comandadas por temibles caudillos como Ambíorix, puso Julio César la historia de los dos conocidos centuriones, graduación más baja mentada en su narración bélica, Tito Pulón y Lucio Voreno, que pasarían a la celebridad ficcional contemporánea gracias a la gran serie creada por John Milius, "Roma".
"XLIV.- Había en aquella legión dos valerosísimos centuriones que se iban acercando a los primeros grados, Tito Pulón y Lucio Voreno. Ambos mantenían perpetuas disputas sobre cuál de los dos ascendería antes en el escalafón y cada año competían con gran rivalidad para los más altos grados. Uno de ellos, Pulón, que combatía con gran valor al parapeto, '¿Por qué vacilas, Voreno?', dijo. '¿Qué otra ocasión aguardas digna de la fama de tu valor? El día de hoy decidirá sobre nuestra polémica'. Habiendo dicho esto, sale fuera del parapeto y arremete hacia el lugar que le pareció más atestado de enemigos. Tampoco Voreno se queda entonces en el parapeto, sino que, temeroso de la opinión de los demás, sale en pos de él. Pulón, habiendo dejado una razonable distancia, arroja un venablo contra el enemigo y atraviesa a uno de ellos que corría hacia él. Los enemigos protegen con sus escudos al compañero atravesado y muerto y todo a una disparan sus dardos contra Pulón, impidiéndole avanzar. Un dardo traspasa su escudo y se clava en su tahalí. Este accidente desplaza la vaina y hace que su mano se demore al intentar sacar la espada. Los adversarios le rodean mientras forcejea con la vaina. Su rival Voreno corre en su ayuda y le protege. Al instante toda la multitud de enemigos se enfrenta a Voreno y deja de lado a Pulón; creen que este ha sido atravesado por el venablo. Voreno combate cuerpo a cuerpo con la espada y, después de dar muerte a un enemigo, los hace retroceder un poco. Mientras ataca con demasiada furia, resbala cuesta abajo y cae al suelo. Rodeado de nuevo por los enemigos, corre Pulón en su ayuda, y ambos, tras dar muerte a muchos enemigos, se repliegan al interior del campamento, incólumes y cubiertos de gloria. De esta forma la fortuna trató a uno y a otro en la emulación y la contienda, de modo que, siendo rivales, se ayudaron sin que se pudiera determinar cuál de los dos parecía que debía ser tenido por más valiente."
(Julio César, "Comentarios de la guerra de las Galias", del 58 al 50 antes de Cristo.)
miércoles, 8 de enero de 2020
Frank Capra, "Vive como quieras" [1938]
Es otra de las películas por la que transpira alegría de vivir, como un canto a la libertad sin pretensión alguna más allá de pasárselo bien, como que cada cual haga lo que le apetezca bajo un techo sin que resulten molestos cohetes, danzas o los golpes de teclas de una máquina de escribir que hila comedias fuleras, y allí que le añadimos una sana oposición al trabajo monótono y fatigoso, una enconada resistencia a los planes urbanísticos de los magnates inmobiliarios y la objeción fiscal directa a los gastos militares del Estado. Grande Capra.
martes, 7 de enero de 2020
Marco Bellochio, "Noticias de una violación en primera página" [1972]
Años de Plomo en Italia, el periódico del Partido del Orden, "Il Giornale", instrumentaliza el asesinato y violación de una joven para desprestigiar a los grupos opositores del Estado: confecciona un culpable mediante la conversión de lo azaroso y circunstancial en certeza definitiva difícilmente cuestionable.
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