sábado, 17 de abril de 2021
Rosalía de Castro, "Negra sombra" [1880]
un aprendizaje de doliente, aunque cada cual habrá sacado el suyo: las etapas del duelo no son consecutivas, son cíclicas, cuando crees situarte en la aceptación, o incluso en una alegría reconciliada, retornas sin razón a la negación o a la ira o a la negociación o a la depresión, dando tiempo y espacio, y comprensión, que no se trata de olvidar, acabas recobrando el ímpetu constante, la capacidad de control, la lucidez; la negra sombra del dolor, en todo está y es todo, en sol, estrellas, viento, canciones, noche y aurora: la inmortal Rosalía, Rosalía de Castro,
martes, 13 de abril de 2021
Agustín García Calvo, "Tú, cuya mano" [1982]
es una de mis canciones patrias amadas, un bellísimo poema de Agustín García Calvo, instrumentado finamente y cantado a pachas por Chicho Sánchez Ferlosio y Amancio Prada, una preciosa canción de amor a lo otro indefinido, a lo innombrable, a lo desconocido, a lo que no se sabe, motor de vida, pasión, aventura, belleza o bien, un canto a lo más importante, tú, que eres todo, mi máxima autoridad, aquello que las instancias de la realidad, ejército, leyes, dios, padres, patria, se creen que no es nada,
lunes, 12 de abril de 2021
"Canto de la Sibila" [siglo X]
acaben los cantos de amor, entónese la melodía fatal de la Sibila, teman el segundo advenimiento justiciero de Cristo, 'desde el cielo bajará el Rey Sempiterno, naturalmente presente en carne, para juzgar al mundo', el único verdadero Salvador, 'todos los reyes comparecerán ante el Tribunal del Señor', que en son de guerra, 'romperá las puertas del tenebroso infierno', descenderá sobre la tierra acompañado de una orgía de destrucción y muerte, 'caerá fuego desde el cielo y un río de azufre', para instaurar el Milenio: la Nueva Jerusalén en la que la muerte no existirá más, ni habrá más duelo, ni grito, ni trabajo; la soprano Montserrat Figueras, imponente sibila ibérica, es la voz principal, ya ha salido por aquí sin ser nombrada, y el poema entonado es el "Canto de la Sibila" del siglo X conservado en la catedral de Córdoba; goddamn
domingo, 11 de abril de 2021
Mikel Laboa, "Ama hil zaigu" [1974]
no tan afamada canción de Mikel Laboa, pero que igualmente irradia tierna conmoción, es "Ama hil zaigu" de su mítico álbum "Bat-hiru", un lamento por la muerte de madre y tía, extenuadas por el trabajo, 'sin llegar a saber para qué es la vida', que maldita sea la ideología del trabajo asalariado, el nihilismo productivo, la necesidad de vender la obediencia para sobrevivir y la dictadura del sujeto automático del capital; como me repetía un amigo hoy en lejano lugar, 'yo chico lo que quiero es una labor honrada que me dé el dinero básico para tirar palante y que me permita tener tiempo para leer a los griegos': quizá también cultivar un huerto, cuidar a amigos y amores o engrosar las filas del ejército revolucionario internacional, o marear la perdiz como un pastorcito en la "Arcadia" de Sannázaro,
Arcipreste de Hita, "El libro del buen amor" [1330-1343]
Suele decirse que el "Libro del Buen Amor" es la comedia humana del S. XIV, un libro misceláneo, producto de la personalidad arrolladora de Juan Ruíz, aka Arcipreste de Hita,, en el que se citan lo divino y lo profano, la narración y fragmentos líricos, la fábula y la sátira, la observación directa y las más diversas influencias literarias, lo popular y lo culto.
"Como dize Aristóteles, cosa es verdadera,
el mundo por dos cosas trabaja: la primera,
por aver mantençia; la otra cosa era
por aver juntamiento con fenbra plazentera"
La pluralidad de elementos, de tradiciones, de influencias, de cultura erudita y saber popular, de clerecía y juglaría, no impide que el libro posea una unidad esencial, derivada de la vigorosa creatividad del autor y de la estructura autobiográfica de la narración, que se hila alrededor de las desventuras amorosas del Arcipreste. El libro vendría a componerse varios elementos: una novela picaresca en forma autobiográfica, dilatada por toda la obra e interrumpida frecuentemente, una copiosa colección de fábulas de origen oriental o francés, una serie de digresiones morales, ascéticas y satíricas, como la censura contra los pecados capitales y el elogio de las mujeres chicas, además de frecuentes reflexiones moralizadoras al hilo de los episodios, una glosa del "Ars amandi" de Ovidio y del "Pamphilus", una serie de episodios alegóricos, como la batalla entre doña Cuaresma y don Carnas, y una serie de composiciones líricas, serranillas, estribotes, cantigas, que dan dan fluidez rítmica al predominio de la cuaderna vía.
"E yo, desque vi la dueña partida e mudada,
dixe: 'Querer do non me quieren, faría una nada,
responder do non me llaman es vanidad provada.'
Partime de su pleito, pues de mí es redrada."
Juan Ruiz, es uno de los mayores humoristas de la literatura patria, sólo, quizá, superado por Cervantes, su humor también brota de su pasión por la vida. No se excede en su estima por sus congéneres, ni tampoco los zahiere rencoroso, sabe que sus debilidades, son sus propias debilidades. De su visión concreta de las cosas, de su capacidad para actualizar la alegoría medieval y la fábula adoctrinadora, y de un hábil y tontorrón manejo de la ironía, surge su risa sana, fuerte y sensual, que además de transformar la ciencia libresca en saber popular y los textos de las autoridades latinas en experiencias cotidianas, desmonta el rigor preceptivo del esquema didáctico para desvelar el conflicto entre los valores realistas del amor humano y el código abstracto del amor divino: no puede creer que el amor, con toda su corte de placenteras tiranías, pueda someterse a la razón o a las normas de la moral. De la reacción socarrona que le provoca la actitud didáctica y convencional hacia al amor (¿quién cree que puede ser gobernado por un conjunto de reglas?) mana una gran parte de su preciosa alegría, agradablemente contagiosa.
"Maravilléme mucho, desque en ello pensé,
de cómo servir dueñas todo tiempo non cansé:
mucho las guardé siempre, nunca me alabé,
¿quál fue la raçón negra porque non recabdé?"
"Como dize Aristóteles, cosa es verdadera,
el mundo por dos cosas trabaja: la primera,
por aver mantençia; la otra cosa era
por aver juntamiento con fenbra plazentera"
La pluralidad de elementos, de tradiciones, de influencias, de cultura erudita y saber popular, de clerecía y juglaría, no impide que el libro posea una unidad esencial, derivada de la vigorosa creatividad del autor y de la estructura autobiográfica de la narración, que se hila alrededor de las desventuras amorosas del Arcipreste. El libro vendría a componerse varios elementos: una novela picaresca en forma autobiográfica, dilatada por toda la obra e interrumpida frecuentemente, una copiosa colección de fábulas de origen oriental o francés, una serie de digresiones morales, ascéticas y satíricas, como la censura contra los pecados capitales y el elogio de las mujeres chicas, además de frecuentes reflexiones moralizadoras al hilo de los episodios, una glosa del "Ars amandi" de Ovidio y del "Pamphilus", una serie de episodios alegóricos, como la batalla entre doña Cuaresma y don Carnas, y una serie de composiciones líricas, serranillas, estribotes, cantigas, que dan dan fluidez rítmica al predominio de la cuaderna vía.
"E yo, desque vi la dueña partida e mudada,
dixe: 'Querer do non me quieren, faría una nada,
responder do non me llaman es vanidad provada.'
Partime de su pleito, pues de mí es redrada."
Juan Ruiz, es uno de los mayores humoristas de la literatura patria, sólo, quizá, superado por Cervantes, su humor también brota de su pasión por la vida. No se excede en su estima por sus congéneres, ni tampoco los zahiere rencoroso, sabe que sus debilidades, son sus propias debilidades. De su visión concreta de las cosas, de su capacidad para actualizar la alegoría medieval y la fábula adoctrinadora, y de un hábil y tontorrón manejo de la ironía, surge su risa sana, fuerte y sensual, que además de transformar la ciencia libresca en saber popular y los textos de las autoridades latinas en experiencias cotidianas, desmonta el rigor preceptivo del esquema didáctico para desvelar el conflicto entre los valores realistas del amor humano y el código abstracto del amor divino: no puede creer que el amor, con toda su corte de placenteras tiranías, pueda someterse a la razón o a las normas de la moral. De la reacción socarrona que le provoca la actitud didáctica y convencional hacia al amor (¿quién cree que puede ser gobernado por un conjunto de reglas?) mana una gran parte de su preciosa alegría, agradablemente contagiosa.
"Maravilléme mucho, desque en ello pensé,
de cómo servir dueñas todo tiempo non cansé:
mucho las guardé siempre, nunca me alabé,
¿quál fue la raçón negra porque non recabdé?"
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
