lunes, 7 de febrero de 2022
Parsifal Reparato, "Nimble Fingers" [2018]
Cuenta el propio Parsifal que cuando sorprendido le preguntó al gerente de una factoría de Hanoi por el motivo por el que la mayoría de las operarias de la planta eran mujeres éste le contestó sin ningún tipo de tapujo que era porque las mujeres tienen los dedos ágiles y la cabeza lenta. El documental sigue a dos obreras jóvenes, migrantes procedentes de las pequeñas aldeas del norte de Vietnam, empleadas en dos fábricas diferentes de Hanoi, uno de los mayores núcleos industriales del planeta, dedicadas al ensamblaje de productos electrónicos. Pobladoras de una tímida vivienda en un suburbio, dan cuenta de la estricta disciplina laboral de las factorías, del choque campo-ciudad, de sus sueños quebrados.
miércoles, 2 de febrero de 2022
John Wayne, "El Álamo" [1960]
La película de John Wayne sobre el suceso legendario enmarcado en el llamado proceso de Independencia de Texas, la batalla de El Álamo, que pone en escena la narración mítica del evento, ya hace años cuestionada por historiadores y estudiosos.
"Esta es una historia dentro de una historia –tan deslizada en los márgenes que uno quisiera saber cuándo y dónde comenzó y si alguna vez terminará. A mediados de febrero de 1836, el ejército del general Antonio López de Santa Anna había alcanzado los muros desmoronados de la vieja misión de San Antonio de Valero en la provincia mexicana de Texas. Pocas huellas de los curas franciscanos que habían construido la misión más de un siglo atrás habían sobrevivido a los asaltos combinados del tiempo y una sucesión de residentes menos religiosos. Los ocupantes ilegales intermitentes, soldados españoles y mexicanos, habían convertido el lugar en una suerte de fuerte apodado El Álamo, por el nombre de una unidad de caballería española que emprendió una de las muchas transformaciones del recinto primitivo. Ahora, tres años después de que Santa Anna accediera por primera vez al poder en el México independiente, unos pocos ocupantes ilegales angloparlantes ocupaban el lugar, negándose a rendirse a su fuerza superior. Afortunadamente para Santa Anna, los ocupantes eran superados numéricamente –a lo sumo 189 luchadores potenciales- y la estructura era en sí misma débil. La conquista sería fácil, o al menos eso pensó Santa Anna.
La conquista no fue fácil: el sitio se mantuvo a través de doce días de asedio. El 6 de marzo, Santa Anna tocó las cornetas 'a degüello' que los mexicanos tradicionalmente usaban para anunciar un ataque a muerte. Más tarde, el mismo día, sus fuerzas finalmente irrumpieron en el fuerte, matando a la mayoría de los defensores. Pero unas pocas semanas más tarde, el 21 de abril, en San Jacinto, Santa Anna cayó prisionero de Sam Houston, el flamantemente reconocido líder de la secesionista República de Texas.
Santa Anna se recuperó de ese revés, continuó siendo cuatro veces más el líder de un México muy reducido. Pero en un sentido importante, fue doblemente derrotado en San Jacinto. Perdió la batalla del día, pero también la batalla que había ganado en El Álamo. Los hombres de Houston habían marcado sus ataques al ejército mexicano con gritos repetidos de 'Recuerden El Álamo! Recuerden El Álamo!' A través de esa referencia, hicieron historia en un sentido doble. Como actores, capturaron a Santa Anna y neutralizaron sus fuerzas. Como narradores, dieron a la historia de El Álamo un nuevo significado. De allí en más, la derrota militar de marzo no fue más el punto final de la narrativa, sino un giro necesario en la trama, la prueba de los héroes que, por el contrario, tornó inevitable y grandiosa la victoria final. Con el grito de batalla de San Jacinto, los hombres de Houston revirtieron por más de un siglo la victoria que Santa Anna pensó que había ganado en San Antonio.
Los seres humanos participan en la historia como actores y como narradores. La ambivalencia inherente a la palabra 'historia' en muchos de los lenguajes modernos, incluyendo el inglés, sugiere esta participación dual. En el uso vernáculo, historia significa tanto los hechos que importan como una narrativa de esos hechos, tanto 'lo que ocurrió' como 'lo que se dice que ha ocurrido'. El primer significado ubica el énfasis en el proceso socio-histórico, el segundo en nuestro conocimiento de ese proceso o en un relato sobre ese proceso."
("Silenciando el pasado", Michel-Rolph Trouillot, 1995.)
martes, 1 de febrero de 2022
King Vidor, "Paso al noroeste" [1940]
Un western clásico, de un racismo furibundo, facturado por una leyenda del cine, King Vidor, ambientado en las guerras franco-indias, antes de la independencia de Estados Unidos, que presenta a los Rangers de Robert Rogers como grandes héroes por haber exterminado una aldea de abenakis. Lo escribía Roxanne Dinbar-Ortiz en "Historia indígena de Estados Unidos", 'este tipo de guerra, forjada durante el primer siglo de la colonización mediante la destrucción de aldeas y campos indígenas, la matanza de civiles, el uso de 'rangers' y la cacería de cueros cabelludos, se convirtió en la base de los ataques a indígenas en todo el continente hasta finales del siglo XIX.'
lunes, 31 de enero de 2022
John Ford, "El gran combate" [1964]
Basada en el libro superventas de Mari Sandoz y en otro libro del novelista Howard Fast, "La última frontera", el autor que también escribió el "Espartaco" que adaptó al cine Stanley Kubrick y que fue represaliado por el Comité de Actividades Antiamericanas, "Cheyenne Autumn", que es el título original del film, narra un suceso memorable: la caravana cheyenne que en 1878, bajo el comando de los líderes Pequeño Lobo y Cuchillo Desafilado, condujo a la nación nativa desde la reserva india en que estaban recluidos, en Territorio Indio, en Oklahoma, a sus antiguas tierras en Wyoming y Montana. Tras una dramática persecución y ser finalmente interceptados por el Ejército, una ola de simpatía hacia los cheyenes posibilitó la concesión de una reserva dentro de lo que era su territorio original.
domingo, 16 de enero de 2022
Michel-Rolph Trouillot, "Silenciando el pasado. El poder y la producción de la Historia" [1995]
la Revolución haitiana
"En resumen, a pesar de los debates filosóficos, a pesar de ascenso del abolicionismo, la Revolución haitiana era impensable en Occidente no sólo porque cuestionaba la esclavitud y el racismo, sino también por la forma en que lo hizo. Cuando la insurrección comenzó por primera vez en el norte de Santo Domingo, una serie de autores radicales de Europa y muy pocos de las Américas hubiesen estado dispuestos a reconocer, con diversas reservas –tanto prácticas como filosóficas- la humanidad de los esclavizados. Casi ninguno extrajo de este reconocimiento la necesidad de abolir la esclavitud inmediatamente. Asimismo, un puñado de escritores había evocado, a menudo metafóricamente, la posibilidad de una resistencia masiva entre los esclavos. En realidad, casi ninguno había admitido realmente que los esclavos pudiesen -y mucho menos debiesen- de hecho rebelarse. Louis Sala-Molins afirma que la esclavitud era la última prueba para la Ilustración. Podemos ir un paso más allá: la Revolución haitiana era la última prueba para las pretensiones universalistas de la revolución francesa y americana. Y ambas fracasaron. 'En 1791, no existe un debate público en los documentos, en Francia, en Inglaterra o en los Estados Unidos, sobre el derecho de los esclavos negros a alcanzar la autodeterminación, y el derecho de hacerlo por medio de la resistencia armada.'
La revolución no sólo era impensable y, por tanto, inesperada, sino que también -en gran medida- no fue expresada entre los propios esclavos. Quiero decir con esto que la Revolución no estaba precedida ni siquiera acompañada de un discurso intelectual explícito. Un motivo para ello es que la mayoría de los esclavos eran analfabetos y que la palabra escrita no era un medio realista de propaganda en el contexto de una colonia de esclavos. Pero otro motivo es que las reivindicaciones de la revolución eran en realidad demasiado radicales para ser formuladas antes de los hechos. Sólo podrían reivindicarse al ser impuestas por los hechos. En ese sentido, la revolución estaba realmente en los límites de lo concebible, incluso en Santo Domingo, incluso entre los esclavos, incluso entre sus propios líderes.
Debemos recordar que los principios clave de la filosofía política que se evidenciaron en Santo Domingo/Haití entre 1791 y 1804 no fueron aceptados por la opinión pública mundial hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Cuando estalló la Revolución haitiana, sólo el cinco por ciento de los casi 800 millones de habitantes de la población mundial hubiesen sido considerados como 'libres' según los estándares modernos. La campaña británica para la abolición del 'comercio' esclavo estaba en su infancia; la abolición de la esclavitud lo estaba aún más. Las reivindicaciones sobre la unicidad fundamental de la humanidad, las reivindicaciones sobre la irrelevancia ética de las categorías raciales o del contexto geográfico para cuestiones de gobierno y, sin duda, las reivindicaciones sobre el derecho de 'todos' los pueblos para ala autodeterminación iba en contra de la sabiduría recibida en el mundo atlántico y más allá de él. Necesariamente, la Revolución haitiana se pensó política y filosóficamente conforme estaba teniendo lugar. Su proyecto, cada vez más radicalizado a lo largo de treinta años de combate, se puso de manifiesto en brotes sucesivos. Dentro y entre sus inesperadas etapas, el discurso siempre se quedó atrás respecto a la práctica.
La Revolución haitiana se expresó principalmente a través de sus hechos, y a través de su práctica política que desafió la filosofía y el colonialismo de Occidente. Produjo unos pocos textos cuya relevancia es evidente, desde la declaración de Louverture del Campamento Turel a la Declaración de Independencia de Haití y la Constitución de 1805. Pero su novedad intelectual e ideológica aparecería más claramente con cada umbral político que se cruzaba, desde la insurrección masiva (1791) al derrumbe del sistema colonial (1793), desde la libertad general (1794) a la conquista de la maquinaria del Estado (1797-1798), del control de esa maquinaria por parte de Louverture (1801) a la proclamación de la independencia haitiana con Dessalines (1804). Cada uno de estos pasos -que llevarían y culminarían con la emergencia de un 'Estado negro' moderno y que en gran parte seguirían siendo parte de lo impensable hasta el siglo XX- cuestionaban seriamente el orden ontológico de Occidente y el orden global del colonialismo.
Esto significa también que los revolucionarios haitianos no estuvieron demasiado condicionados por límites ideológicos previos fijados por intelectuales profesionales de la colonia o de otro lugar a partir de los que pudiesen abrir nuevos caminos y, de hecho, lo hicieron repetidas veces. Pero además significaba que el debate filosófico y político de Occidente, cuando tuvo lugar, sólo podía ser reactivo. Sólo trató lo imposible después de que lo imposible se hubiese convertido en un hecho; e incluso entonces, los hechos no siempre eran aceptados como tales."
("Silenciando el pasado. El poder y la producción de la Historia", Michel-Rolph Trouillot, 1995.)
"En resumen, a pesar de los debates filosóficos, a pesar de ascenso del abolicionismo, la Revolución haitiana era impensable en Occidente no sólo porque cuestionaba la esclavitud y el racismo, sino también por la forma en que lo hizo. Cuando la insurrección comenzó por primera vez en el norte de Santo Domingo, una serie de autores radicales de Europa y muy pocos de las Américas hubiesen estado dispuestos a reconocer, con diversas reservas –tanto prácticas como filosóficas- la humanidad de los esclavizados. Casi ninguno extrajo de este reconocimiento la necesidad de abolir la esclavitud inmediatamente. Asimismo, un puñado de escritores había evocado, a menudo metafóricamente, la posibilidad de una resistencia masiva entre los esclavos. En realidad, casi ninguno había admitido realmente que los esclavos pudiesen -y mucho menos debiesen- de hecho rebelarse. Louis Sala-Molins afirma que la esclavitud era la última prueba para la Ilustración. Podemos ir un paso más allá: la Revolución haitiana era la última prueba para las pretensiones universalistas de la revolución francesa y americana. Y ambas fracasaron. 'En 1791, no existe un debate público en los documentos, en Francia, en Inglaterra o en los Estados Unidos, sobre el derecho de los esclavos negros a alcanzar la autodeterminación, y el derecho de hacerlo por medio de la resistencia armada.'
La revolución no sólo era impensable y, por tanto, inesperada, sino que también -en gran medida- no fue expresada entre los propios esclavos. Quiero decir con esto que la Revolución no estaba precedida ni siquiera acompañada de un discurso intelectual explícito. Un motivo para ello es que la mayoría de los esclavos eran analfabetos y que la palabra escrita no era un medio realista de propaganda en el contexto de una colonia de esclavos. Pero otro motivo es que las reivindicaciones de la revolución eran en realidad demasiado radicales para ser formuladas antes de los hechos. Sólo podrían reivindicarse al ser impuestas por los hechos. En ese sentido, la revolución estaba realmente en los límites de lo concebible, incluso en Santo Domingo, incluso entre los esclavos, incluso entre sus propios líderes.
Debemos recordar que los principios clave de la filosofía política que se evidenciaron en Santo Domingo/Haití entre 1791 y 1804 no fueron aceptados por la opinión pública mundial hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Cuando estalló la Revolución haitiana, sólo el cinco por ciento de los casi 800 millones de habitantes de la población mundial hubiesen sido considerados como 'libres' según los estándares modernos. La campaña británica para la abolición del 'comercio' esclavo estaba en su infancia; la abolición de la esclavitud lo estaba aún más. Las reivindicaciones sobre la unicidad fundamental de la humanidad, las reivindicaciones sobre la irrelevancia ética de las categorías raciales o del contexto geográfico para cuestiones de gobierno y, sin duda, las reivindicaciones sobre el derecho de 'todos' los pueblos para ala autodeterminación iba en contra de la sabiduría recibida en el mundo atlántico y más allá de él. Necesariamente, la Revolución haitiana se pensó política y filosóficamente conforme estaba teniendo lugar. Su proyecto, cada vez más radicalizado a lo largo de treinta años de combate, se puso de manifiesto en brotes sucesivos. Dentro y entre sus inesperadas etapas, el discurso siempre se quedó atrás respecto a la práctica.
La Revolución haitiana se expresó principalmente a través de sus hechos, y a través de su práctica política que desafió la filosofía y el colonialismo de Occidente. Produjo unos pocos textos cuya relevancia es evidente, desde la declaración de Louverture del Campamento Turel a la Declaración de Independencia de Haití y la Constitución de 1805. Pero su novedad intelectual e ideológica aparecería más claramente con cada umbral político que se cruzaba, desde la insurrección masiva (1791) al derrumbe del sistema colonial (1793), desde la libertad general (1794) a la conquista de la maquinaria del Estado (1797-1798), del control de esa maquinaria por parte de Louverture (1801) a la proclamación de la independencia haitiana con Dessalines (1804). Cada uno de estos pasos -que llevarían y culminarían con la emergencia de un 'Estado negro' moderno y que en gran parte seguirían siendo parte de lo impensable hasta el siglo XX- cuestionaban seriamente el orden ontológico de Occidente y el orden global del colonialismo.
Esto significa también que los revolucionarios haitianos no estuvieron demasiado condicionados por límites ideológicos previos fijados por intelectuales profesionales de la colonia o de otro lugar a partir de los que pudiesen abrir nuevos caminos y, de hecho, lo hicieron repetidas veces. Pero además significaba que el debate filosófico y político de Occidente, cuando tuvo lugar, sólo podía ser reactivo. Sólo trató lo imposible después de que lo imposible se hubiese convertido en un hecho; e incluso entonces, los hechos no siempre eran aceptados como tales."
("Silenciando el pasado. El poder y la producción de la Historia", Michel-Rolph Trouillot, 1995.)
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