viernes, 22 de enero de 2021
Alison Klayman, "Steve Bannon, el gran manipulador" [2019]
Un retrato de Steve K. Bannon, el célebre alborotador digital de la nueva extrema derecha elegido en agosto de 2016 como jefe de campaña de Trump, que hasta entonces dirigía el portal de noticias 'Breitbart News', el exitoso punto de encuentro de la alt-right estadounidense cocido entre bulos, titulares estridentes y fantasías conspirativas. ¿Temas destacados en 'Breitbart'?: la demonización de la inmigración, la maldad de los musulmanes, la obsesión por una supuesta oleada de crímenes de negros contra blancos, el temor blanco por la gran sustitución demográfica, la amenaza del feminismo rampante o la homofobia. El documental, flojo, no se engañen, acompaña Bannon por su aventura europea en la formación de El Movimiento, un organismo que busca la unificación-potenciación de las formaciones ultranacionalistas de los países europeos: UKIP, La Liga Norte, la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, el belga Parti Populaire, el FIDESZ, los Demócratas de Suecia, VOX. ¿Y cuál es el concepto con el que Bannon intenta sortear todas las acusaciones ominosas que recibe? El nacionalismo económico. Con ingrata suficiencia se considera mimado por los vientos de la historia.
jueves, 21 de enero de 2021
Eszter Hajdú, "Hungría 2018" [2018]
Los migrantes son el gran enemigo. Los migrantes son quienes destrozan la cultura húngara. Hungría protege a toda Europa de los migrantes. Hungría protege al cristianismo de los migrantes y del islam. Hungría protege a las mujeres húngaras de los violadores migrantes. Víktor Orbán y el FIDESZ, el partido gobernante, son el brazo custodio de Dios en Hungría frente a la malvada triada diabólica, que es una y trina: George Soros, la Unión Europea y los migrantes. El documental sigue los meses previos a las últimas elecciones generales que se celebraron en Hungría, el 8 de abril del 2018, acompañando la campaña electoral de Ferenc Gyurcsány, exprimer ministro de la nación del 2004 al 2009 y candidato de la Coalición Democrática (DK). Viktor Orbán fue reelegido por cuarta vez consecutiva, manteniendo la mayoría absoluta en el parlamento, en las elecciones con más índice de participación de la historia democrática húngara.
martes, 19 de enero de 2021
Göran Olsson, "Preocupándonos por la violencia" [2014]
Es una mirada fragmentaria, sustentada en material de archivo de la televisión sueca, a algunos momentos de los procesos de descolonización de varias naciones africanas, principalmente las lusófonas, hilada por la vehemente fuerza de los textos de "Los condenados de la tierra" de Frantz Fanon, leídos por Lauryn Hill: un ataque furtivo del Movimiento Popular para la Liberación de Angola en la provincia de Cabinda, la huelga en 1966 de los trabajadores de la corporación minera LAMCO en la ciudad liberiana de Nimba, la entusiasta participación de las mujeres en el Frente de Liberación de Mozambique, las bajas de las tropas portuguesas en una refriega en Guinea-Bissau, un extracto de una audaz entrevista al líder revolucionario burkinés Thomas Sankara o las imágenes del también posteriormente ejecutado líder guineano Amílcar Cabral. El documental funciona como una exégesis visual del libro del escritor martiniqués.
"La zona habitada por los colonizados no es complementaria de la zona habitada por los colonos. Esas dos zonas se oponen, pero no al servicio de una unidad superior. Regidas por una lógica puramente aristotélica, obedecen al principio de exclusión recíproca: no hay conciliación posible, uno de los términos sobra. La ciudad del colono es una ciudad dura, toda de piedra y hierro. Es una ciudad iluminada, asfaltada, donde los cubos de basura están siempre llenos de restos desconocidos, nunca vistos, ni siquiera soñados. Los pies del colono no se ven nunca, salvo quizá en el mar, pero jamás se está muy cerca de ellos. Pies protegidos por zapatos fuertes, mientras las calles de su ciudad son limpias, lisas, sin hoyos, sin piedras. La ciudad del colono es una ciudad harta, perezosa, su vientre está lleno de cosas buenas permanentemente. La ciudad del colono es una ciudad de blancos, de extranjeros. La ciudad del colonizado, o al menos la ciudad indígena, la ciudad negra, la 'medina' o barrio árabe, la reserva es un lugar de mala fama, poblado por hombres de mala fama, allí se nace en cualquier parte, de cualquier manera. Se muere en cualquier parte, de cualquier cosa. Es un mundo sin intervalos, los hombres están unos sobre otros, las casuchas unas sobre otras. La ciudad del colonizado es una ciudad hambrienta, hambrienta de pan, de carne, de zapatos, de carbón, de luz. La ciudad del colonizado es una ciudad agachada, una ciudad de rodillas, una ciudad revolcada en el fango. Es una ciudad de negros, una ciudad de boicots. La mirada que el colonizado lanza sobre la ciudad del colono es una mirada de lujuria, una mirada de deseo. Sueños de posesión. Todos los modos de posesión: sentarse a la mesa del colono, acostarse en la cama del colono, si es posible con su mujer. El colonizado es un envidioso. El colono no lo ignora cuando, sorprendiendo su mirada a la deriva, comprueba amargamente, pero siempre alerta: 'Quieren ocupar nuestro lugar.' Es verdad, no hay un colonizado que no sueñe cuando menos una vez al día en instalarse en el lugar del colono."
(Frantz Fanon, "Los condenados de la tierra", 1961.)
jueves, 14 de enero de 2021
Meléndez Valdés, "Discursos forenses" II [1802]
La mayoría de los escritores ilustrados patrios promovieron con sus plumas la cruzada contra las huestes mendicantes que merodeaban por el ruedo ibérico en el siglo XVIII: Feijóo, Forner, Jovellanos, Meléndez Valdés. La vagancia era una rémora para la construcción del Estado absolutista dieciochesco, una lacra para el desarrollo de la economía política y por tanto para el progreso de la felicidad común; el nomadismo pordiosero era el origen de toda la depravación moral y frecuentemente conducía al crimen y al engaño como forma de vida. Urgía que el Estado corrigiera la nociva ociosidad de los mendigos profesionales. El discurso forense de Meléndez Valdés se sitúa en el albor del siglo XIX, tiene por título "Fragmentos de un discurso sobre la mendiguez" y fue "Dirigido a un Ministro en el año de 1802 desde la ciudad de Zamora, con ocasión de darle gracias por haber conseguido de él una orden para que fueran admitidos en aquel Hospicio diez niños desvalidos que había recogido el autor". En él, además de agradecer al ministro Godoy la reclusión de los niños, Meléndez Valdés pretendía resaltar la importancia social de semejante acción: los hospicios generales, lejos de la mera labor caritativa, tenían que orientarse hacia la educación y el aprendizaje de un oficio, estaban llamados a convertirse en central institución de conversión de pordioseros en vasallos laboriosos, disciplinados y virtuosos. Así retrataba el escritor extremeño la peligrosa corrupción de los mendigos vocacionales,
"No pueden concebirse por un alma honesta, ni por más que se diga ponderarse bien el envilecimiento, la torpe corrupción, el olvido de todos los deberes, el embrutecimiento en fin en que esta clase de hombres vive generalmente. Sin patria, sin residencia fija, sin consideración ni miramiento alguno, sin freno de ninguna autoridad, mudando de domicilio según su antojo, y en la más completa libertad, o más bien insubordinación e independencia, ni son vecinos de pueblo alguno, ni súbditos de ninguna autoridad, ni profesan la religión sino en el nombre, ni conocen párroco propio que los instruya en ella, ni nunca en fin se los verá en un templo oyendo una misa, ni en una devoción. Su vida miserable y vaga los exime de todo. Dados al vino y a un asqueroso desaseo, y durmiendo en pajares y cuadras mezclados y revueltos unos con otros, no conocen la honestidad ni la decencia, y borradas del todo las santas impresiones del pudor, se dan sin reparo a los desórdenes más feos. De este estado de entera independencia y envilecimiento nacen precisamente la degradación de alma, y el abandono brutal con que se entregan a todos los vicios. De la mendiguez a la ratería y el robo no hay sino un paso, y otro del robo hasta el suplicio: ¿y cuántos no han parado en él o en los presidios que tuvieron su aprendizaje de mendigos? Los hijos toman de los padres esta vida corrompida y libre, y con ella la inmoralidad y la mentira. Y además de muchos inocentes a quienes la horfandad o la miseria arrastra o fija en ella, el empleo de los primeros contagia y precipita al pueblo, por sí mismo incapaz de ver su infeliz paradero, y que sin un freno poderoso será en muy pocos años un pueblo de pordioseros y vagabundos. De aquí el envilecimiento y deshonor de la nación, y su despoblación y su pobreza. Y ciertamente ¿qué deberá pensarse de nosotros al verse por todas partes estas cuadrillas de vagos andrajosos, que con sus alaridos, su palidez, sus importunidades nos persiguen sin cesar, golpean continuamente nuestros cerrojos, y en ninguna parte nos dejan respirar? ¿quién no tachará de insuficientes nuestra policía y nuestras leyes, que ven este mal y olvidan remediarlo, o por su debilidad no lo pueden hacer? ¿a quién no chocará el contraste monstruoso entre tanta lacería y nuestro carácter benéfico y pundonoroso, nuestra caridad y tanta desnudez? ¿O quién no creerá ver sobre un mismo suelo dos diferentes pueblos, uno de ciudadanos, y otro de siervos degradados? ¿quién en fin no se avergonzaría de tener en su casa, de ver en ella a todas horas un solo ser tan miserable? su presencia bastaría a dar a todos una tan infeliz cuan justa idea de ningún decoro, errada economía y degradación de carácter y sentimientos del primero, por más lucido y decente que se le viese. Lo mismo pues deberá pensarse de la gran familia, si prontamente no se remedia este gravísimo desorden: el interés y el honor nacional clamarán sin cesar por tan saludable providencia."
(Juan Meléndez Valdés, ""Fragmentos de un discurso sobre la mendiguez. Dirigido a un Ministro en el año de 1802 desde la ciudad de Zamora, con ocasión de darle gracias por haber conseguido de él una orden para que fueran admitidos en aquel Hospicio diez niños desvalidos que había recogido el autor", 1802.)
"No pueden concebirse por un alma honesta, ni por más que se diga ponderarse bien el envilecimiento, la torpe corrupción, el olvido de todos los deberes, el embrutecimiento en fin en que esta clase de hombres vive generalmente. Sin patria, sin residencia fija, sin consideración ni miramiento alguno, sin freno de ninguna autoridad, mudando de domicilio según su antojo, y en la más completa libertad, o más bien insubordinación e independencia, ni son vecinos de pueblo alguno, ni súbditos de ninguna autoridad, ni profesan la religión sino en el nombre, ni conocen párroco propio que los instruya en ella, ni nunca en fin se los verá en un templo oyendo una misa, ni en una devoción. Su vida miserable y vaga los exime de todo. Dados al vino y a un asqueroso desaseo, y durmiendo en pajares y cuadras mezclados y revueltos unos con otros, no conocen la honestidad ni la decencia, y borradas del todo las santas impresiones del pudor, se dan sin reparo a los desórdenes más feos. De este estado de entera independencia y envilecimiento nacen precisamente la degradación de alma, y el abandono brutal con que se entregan a todos los vicios. De la mendiguez a la ratería y el robo no hay sino un paso, y otro del robo hasta el suplicio: ¿y cuántos no han parado en él o en los presidios que tuvieron su aprendizaje de mendigos? Los hijos toman de los padres esta vida corrompida y libre, y con ella la inmoralidad y la mentira. Y además de muchos inocentes a quienes la horfandad o la miseria arrastra o fija en ella, el empleo de los primeros contagia y precipita al pueblo, por sí mismo incapaz de ver su infeliz paradero, y que sin un freno poderoso será en muy pocos años un pueblo de pordioseros y vagabundos. De aquí el envilecimiento y deshonor de la nación, y su despoblación y su pobreza. Y ciertamente ¿qué deberá pensarse de nosotros al verse por todas partes estas cuadrillas de vagos andrajosos, que con sus alaridos, su palidez, sus importunidades nos persiguen sin cesar, golpean continuamente nuestros cerrojos, y en ninguna parte nos dejan respirar? ¿quién no tachará de insuficientes nuestra policía y nuestras leyes, que ven este mal y olvidan remediarlo, o por su debilidad no lo pueden hacer? ¿a quién no chocará el contraste monstruoso entre tanta lacería y nuestro carácter benéfico y pundonoroso, nuestra caridad y tanta desnudez? ¿O quién no creerá ver sobre un mismo suelo dos diferentes pueblos, uno de ciudadanos, y otro de siervos degradados? ¿quién en fin no se avergonzaría de tener en su casa, de ver en ella a todas horas un solo ser tan miserable? su presencia bastaría a dar a todos una tan infeliz cuan justa idea de ningún decoro, errada economía y degradación de carácter y sentimientos del primero, por más lucido y decente que se le viese. Lo mismo pues deberá pensarse de la gran familia, si prontamente no se remedia este gravísimo desorden: el interés y el honor nacional clamarán sin cesar por tan saludable providencia."
(Juan Meléndez Valdés, ""Fragmentos de un discurso sobre la mendiguez. Dirigido a un Ministro en el año de 1802 desde la ciudad de Zamora, con ocasión de darle gracias por haber conseguido de él una orden para que fueran admitidos en aquel Hospicio diez niños desvalidos que había recogido el autor", 1802.)
miércoles, 13 de enero de 2021
Benito Jerónimo Feijoo, "Mapa intelectual y cotejo de Naciones" [1728]
El optimismo del pensamiento ilustrado del padre Feijóo:
la afirmación de la superioridad de unas naciones sobre otras, turbia pasión raíz de la turbia pasión nacionalista y de la política exterior agresiva, carece de sentido; la pluralidad de naciones solidarias en condiciones favorables podrá alzarse a un mismo nivel científico-técnico y desarrollar las aptitudes de la igual naturaleza humana articulándose en comunidad internacional que reclama idénticos derechos para todos los hombres y mujeres.
"31. Apenas, pues, hay gente alguna que examinado su fondo, pueda con justicia ser capitulada de bárbara. No negaré por tanto que no haya entre determinadas Naciones alguna desigualdad en orden al uso del discurso. Sé que este depende de la disposición del órgano, y en la disposición del órgano puede tener su influjo el clima en que se nace. Pero si se me pregunta qué Naciones son las más agudas, responderé, confesando con ingenuidad, que no puedo hacer juicio seguro. Veo que las Ciencias florecieron un tiempo entre los Fenices, otro entre los Griegos, otro entre los Romanos, otro entre los Arabes. Después se extendieron a casi todos los Europeos. Entre tanto que a cada tierra no le tocaba el turno de la circulación, eran tenidos los habitadores de ella por rudos. Después se vió que no entendían, ni adelantaban menos que los que tuvieron la dicha de ser los primeros. Acaso si el mundo dura mucho, y hay grandes revoluciones de Imperios (porque Minerva anda peregrina por la tierra, según el impulso que le dan las violentas agitaciones de Marte), poseerán las Ciencias en grado eminente los Iroqueses, los Lapones, los Trogloditas, los Garamantes, y otras gentes, a quienes hoy con desdén, y repugnancia admitimos por miembros de nuestra especie; de modo, que por la experiencia apenas podemos notar desigualdad de ingenio en las Naciones."
(Benito Jerónimo Feijoo, "Mapa intelectual y cotejo de Naciones", tomo II, discurso XV del "Teatro crítico universal", 1728.)
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