en mis accesos de intensidad misántropa intento reconcoliarme con algunos desconocidos que se me cruzan, hay mucha peña por ahí, en la calle, en la plaza, en el bar, en el curro, en la biblio, no porque quiera hacer amigos o amigas, que bienvenidos sean, 'em cada esquina um amigo', sino por arreglarme con viandantes y usuarios aunque sea livianamente mediante alguna conexión ligera, algún indicio simpático, alguna seña que me despierte afinidad, mecanismo de supervivencia funcional o apego leve que descargue rencor impreciso: la peña que lleva camisetas de Iron Maiden y 2pac, los ciclistas urbanos y los riders, los matrimonios mestizos, los punks&skins&blackers no-ingratos, los trabajadores de Agua y Jardín, los jardineros en general, los señores que llevan boina, el afilador, las señoras bajitas que como mi madre van a misa de ocho, los usuarios de la biblioteca pública que ya forman parte del mobiliario, los tipos que me suenan de ir a manifestaciones, los skaters y los rollers, quienes juegan en la fuente del parque bajo el maldito sol de primera hora de la tarde; como huir de la mirada miserable hacia los demás, que es de las pocas cosas transversales a tendencias y segmentos sociales que conozco, el todopoderoso elitismo guarro, a veces el corazón se pudre y eres el lunático que grita en silencio mientras pasea mirando al suelo, en último término mantener la contención, la última comprensión de que es preferible gestionar un hijoputismo cotidiano que defender un proyecto de purificación social, alejarse de la Grace de "Dogville",
lunes, 21 de agosto de 2023
domingo, 20 de agosto de 2023
Ziad Doueiri, "El insulto" [2017]
Las heridas abiertas por la larga guerra civil en el Líbano, el polvorín presto a estallar al saltar una nimia chispa, sustentan la raíz de la trama desplegada en "El insulto", película del 2017 del director Ziad Doueiri que funciona como un manifiesto en contra de la judicialización de las disputas cotidianas. Un día cualquiera, en el barrio beirutí de Fassouh, Toni, un iracundo cristiano libanés, riega las plantas de su balcón mojando a Yasser, un competente refugiado palestino encargado de las obras de mejoramiento del barrio. Como el desagüe del balcón no cumple la nueva normativa municipal, Yasser, soslayando la terquedad de Toni, ordena unilateralmente a su equipo arreglar la canalización del balcón, lo que soliviantará al colérico maronita, que destruirá a martillazos la reforma, siendo subsiguientemente insultado por el ofendido palestino. Un asunto cotidiano, menudo en principio, que azuzado por un muy viril orgullo, acabará en el juzgado para despertar los rencores enquistados en una nación todavía envenenada por los cruentos conflictos de su historia reciente.
viernes, 18 de agosto de 2023
Ari Folman, "Vals con Bashir" [2008]
Ustedes saben, el Líbano, que ya era polvorín antes de la Guerra de los Seis Días, estalló cruentamente cuando se agudizaron los conflictos latentes tras el arribo del masivo exilio palestino al país de los cedros. De entre las películas que he tenido ocasión de ver que se acercan a algún episodio de aquella larga guerra civil, en constante peligro de reanudarse, aparece en primer lugar, más por asuntos políticos que estéticos, la rotoscopia es indudablemente una decisión afortunada, el documental "Vals con Bashir" de Ari Folman, una producción israelí del 2008 que fue galardonada en varios festivales internacionales. Recordarán la exitosa invasión israelí del Líbano en 1982, la operación Paz para Galilea, que expulsó del país a la Organización para la Liberación de Palestina; recordarán también la masacre en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila perpetrada por la Falange Libanesa, con la activa participación del Tsahal, en venganza por el oscuro asesinato del recién elegido primer ministro Bashir Gemayel, comandante de las milicias cristianas. Pues ahí es en donde indaga el documental de una manera harto tendenciosa, puesto que el mismísimo Ari Folman fue otro de los jóvenes reclutas que lanzaba las bengalas que iluminaban los campos de refugiados durante aquella noche en que los escuadrones de la muerte maronitas asesinaron a un grande e indeterminado contingente de palestinos desarmados. ¿Qué es lo impactante del documental? Que mientras pretende manejar un halo de compromiso con la dignidad de la vida humana fortalece la postura exonerante de la responsabilidad israelí, que es su propia responsabilidad, siguiendo la tesis central del que entonces fuera primer ministro de Isreal, Menájem Beguín, quien declaró con todo su temple que 'en Sabra y Chatila persona no judís masacraron a otras personas no judías; ¿en qué nos concierne eso?'. Aina al arab?
miércoles, 9 de agosto de 2023
Joseph Déjacque, "¡Abajo los jefes! Escritos libertarios (1857-1861)"
Es el último libro de reciente publicación incluido dentro de la Biblioteca de la Anarquía, la colección que llevan a pachas la insigne local Pepitas de Calabaza y la egregia confederal Fundación Anselmo Lorenzo: "¡Abajo los jefes! Escritos libertarios (1857-1861)" del contumaz anarquista decimonónico, obrero-poeta, Joseph Déjacque, primero en acuñar el neologismo 'libertario', hoy usado perversamente por un sector pirado. Exiliado en Nueva Orleans tras la revolución parisina de junio de 1848, editó en la célebre ciudad de Louisiana, con gran esfuerzo y triste menguado impacto, el periódico "Le libertaire", publicación de la que se extraen la totalidad de los textos recopilados en esta antología. Entre varios artículos de excelente pluma proletaria, la diatriba de la decadente Nueva Orleans, su elogio del Escándalo como eficaz herramienta de propaganda, el temprano apunte que adelanta las futuras disputas ibéricas entre colectivistas y anarcocomunistas en el "Intercambio", la disertación sobre "Autoridad y Dictadura" en que expresa su manifiesta desconfianza hacia 'la dictadura de las pequeñas maravillas del Proletariado', o el desarrollo aplicable de su apuesta inmediata: la "Legislación directa y universal", hábiles escritos solo deslucidos por una fe inquebrantable en un brillante futuro anárquico corolario de un teleológico movimiento de la humanidad hacia el Progreso social, me apetece destacar aquel en que ensalza ardientemente la figura del célebre abolicionista estadounidense John Brown, titulado "La guerra servil", que da cuenta de la fracasada insurrección en octubre de 1859 de Harpers Ferry, un pueblecito de Virginia Occidental, un prólogo a la Guerra de Secesión cuyo fracaso le costó la vida al propio John Brown y a sus correligionarios, admirable derrota de la que, Joseph Déjacque, queriendo sacar alguna enseñanza, cuestionaba,
"¿Para que una insurrección triunfe en los estados esclavistas basta con la iniciativa de un puñado de encendidos abolicionistas libres y blancos? No. Es preciso que la iniciativa venga de los negros, de los esclavos mismos. El hombre blanco resulta sospechoso para el hombre negro, que gime en su condición de ilota y bajo el látigo de los blancos, sus amos. En los llamados estados libres, al hombre de color se le considera un perro; no se le permite ir en transporte público, ni al teatro ni a ningún otro lugar, a no ser que lo haga en los rincones que le están reservados: es un leproso en el lazareto. La aristocracia blanca, el abolicionista del norte, lo mantiene a distancia y lo rechaza con desprecio. No puede dar un paso sin toparse con imbéciles, con absurdos, con monstruosos prejuicios que le cierran el paso. La urna electoral, al igual que el transporte público, el teatro y todo lo demás, le está prohibido. Está privado de sus derechos civiles, en todos los casos y por todos lados se le trata como a un pario. El hombre negro de los estados esclavistas sabe todo esto. También sabe que es materia y prenda de toda suerte de intrigas; que, para los amos del norte, los explotadores de los proletarios y los electores, los propietarios de esclavos blancos, el abolicionismo significa beneficios industriales y comerciales, nombramientos a cargos públicos, remuneraciones estatales, piraterías y sinecuras. Por eso desconfía, y con razón, de los blancos; de suerte que sufren justos por pecadores. Por otro lado, ¿qué es esa libertad a la que generalmente se le invita? La libertad de morir de hambre... la libertad del proletariado... De ahí que muestre tan poco afán por exponer su vida para obtenerla, por más que su vida sea de las más miserables y que la libertad constituya el mayor de sus deseos. [...] La tentativa de John Brown tiene de bueno que su relato producirá un eco al que seguirán otros ecos que alcanzarán hasta las cabañas más recónditas, que removerá la fibra de la independencia de los esclavos, los dispondrá a la sedición y será un agente de reclutamiento para otro movimiento insurreccional."
("La guerra servil", Joseph Déjacque, octubre de 1859.)
"¿Para que una insurrección triunfe en los estados esclavistas basta con la iniciativa de un puñado de encendidos abolicionistas libres y blancos? No. Es preciso que la iniciativa venga de los negros, de los esclavos mismos. El hombre blanco resulta sospechoso para el hombre negro, que gime en su condición de ilota y bajo el látigo de los blancos, sus amos. En los llamados estados libres, al hombre de color se le considera un perro; no se le permite ir en transporte público, ni al teatro ni a ningún otro lugar, a no ser que lo haga en los rincones que le están reservados: es un leproso en el lazareto. La aristocracia blanca, el abolicionista del norte, lo mantiene a distancia y lo rechaza con desprecio. No puede dar un paso sin toparse con imbéciles, con absurdos, con monstruosos prejuicios que le cierran el paso. La urna electoral, al igual que el transporte público, el teatro y todo lo demás, le está prohibido. Está privado de sus derechos civiles, en todos los casos y por todos lados se le trata como a un pario. El hombre negro de los estados esclavistas sabe todo esto. También sabe que es materia y prenda de toda suerte de intrigas; que, para los amos del norte, los explotadores de los proletarios y los electores, los propietarios de esclavos blancos, el abolicionismo significa beneficios industriales y comerciales, nombramientos a cargos públicos, remuneraciones estatales, piraterías y sinecuras. Por eso desconfía, y con razón, de los blancos; de suerte que sufren justos por pecadores. Por otro lado, ¿qué es esa libertad a la que generalmente se le invita? La libertad de morir de hambre... la libertad del proletariado... De ahí que muestre tan poco afán por exponer su vida para obtenerla, por más que su vida sea de las más miserables y que la libertad constituya el mayor de sus deseos. [...] La tentativa de John Brown tiene de bueno que su relato producirá un eco al que seguirán otros ecos que alcanzarán hasta las cabañas más recónditas, que removerá la fibra de la independencia de los esclavos, los dispondrá a la sedición y será un agente de reclutamiento para otro movimiento insurreccional."
("La guerra servil", Joseph Déjacque, octubre de 1859.)
martes, 1 de agosto de 2023
Mark Cousins, "La Marcha sobre Roma" [2022]
El mismísimo primo Cousins, director de monumentales obras documentales como "The story of film: an odyssey" y "Women make film: a new road movie through cinema", escribía que el cine miente, que toda cultura miente, que las cosas que muchos de nosotros amamos, como el arte y las películas, también son potencialmente nuestros enemigos. Como muestra ilustrativa de semejante afirmación, primo Cousins analiza al detalle, para establecer un desglose que desmonte el aura mítica de lo que se convirtió en episodio fundante del fascismo italiano, la película de Umberto Paradisi "A Noi", el documental oficial de la Marcha de los camisas negras sobre Roma, en aquel octubre de 1922, predecesora inmediata de la toma del poder del Estado italiano por Benito Mussolini, un film que transforma al Duce en héroe cinematográfico, exitoso poético salvapatrias. Un despliegue deconstructivo que le permite a Mark Primikos rastrear las técnicas usadas por Paridisi para tergiversar los sucesos en lugar de documentarlos: repeticiones interesadas, inversión de planos tendenciosos, torticera asociación de situaciones inconexas. 'Con amor si es posible, con la fuerza si es necesario'. Resulte demasiado postiza la comparación de la Marcha sobre Roma con el asalto al Capitolio de los EEUU en enero del 2021, sin dejar de asentir que la pasión nacionalista propulsada con esteroides tóxicos se reactualiza en la nueva ola extremo derechosa. Como maestro de historia de cine, Mark Primikos apoya su docu en una selección de películas célebres ambientadas en la época de la Italia 'boia chi molla': "El conformista" de Bernardo Bertolucci, "Un día particular" de Ettore Scola, "El poder" de Augusto Tretti y "Saló o las 120 jornadas de Sodoma" de Pier Paolo Pasolini.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
