sábado, 29 de diciembre de 2018

Daniel Jiménez, "Cocaína" [2016]


La conocida íntima fractura de quien se dirige a sí mismo en segunda persona. ¿Será que es divertido reconocerse en una tristeza ácida o decadente o destructiva? Y quizá sea cierto que es una novela generacional, al menos de aquella parte de nuestra generación adicta a la cocaína o a otras drogas, o quizá sea la novela de aquellos que han crecido en familias quebradas, eternos aspirantes a ocupar algún infecto puesto laboral del que serán expulsados, con fortuna lo abandonarán gustosos tras amontanar un tímido fajo de billetes, o la de quienes anhelan crear una obra de artesano entretenimiento enfocada a un solvente nicho de mercado que permita rascar algo de prestigio y algo de dinero. Por aquí diria que va la cuestión generacional, qué menos que resulte enfermizamente divertida.

"La vida no tiene nada que ver con lo que se escribe. Breton. Follar es lo único que desean los que van a morir. Bolaño. La muerte no existe. Tolstoi. La muerte es, acaso, la única materia con que está hecha la literatura. Hugo. La literatura, tal vez, pueda salvar el planeta. Cheever.
Frases categóricas como éstas te obligan a plantearte qué puedes ofrecerle tú al mundo como escritor si tu vida no es ni ha sido ejemplar, si al fin y al cabo no eres un judío que estuvo preso en Auschwitz, ni un yihadista internacional, ni fuiste negro durante el apartheid, ni tu abuelo luchó en la Guerra Civil, ni has estado preso en Estambul, ni te has manifestado por las calles de Birmania, ni has escalado el Everest, ni te has hecho una operación de cambio de sexo, ni has trabajado en La Moncloa en los oscuros tiempos de Aznar, ni te han obligado a ejercer la prostitución, ni eres una madre soltera que lucha contra el mundo y se repone de las adversidades. Como sólo eres un escritor fracasado y un triste cocainómano no parece descabellado escribir sobre tu adicción a la cocaína. No cambiarás el mundo ni alumbrarás pasajes oscuros de nuestra historia ni servirás de ejemplo a generaciones futuras, pero al menos serás honesto.
Es cierto, eres un cocainómano y necesitas la cocaína, o lo que sea esa sustancia blanquecina y brillante y extraordinariamente cara que esnifas, porque logra que el simple hecho de poseerla, de triturarla, de colocarla en una línea horizontal sobre la superficie de tu cartera y luego esnifarla sin remordimientos y con devoción religiosa sea lo único importante de tu vida y, todavía mejor que eso, la cocaína logra que todo lo demás, las guerras y la muerte, las enfermedades y la locura, las deudas contraídas y las esperanzas truncadas, las amistades perdidas y el amor, la soledad y la estupidez circundante, la soledad y tu absoluta imbecilidad y la mierda que os rodea, te dé absolutamente igual."

(Daniel Jiménez, "Cocaína", 2016.)

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