lunes, 25 de marzo de 2019

Chris Marker, "Le tombeau d'Alexandre" [1992]


Si no han visto una de las obras maestras del cine soviético, "La felicidad" de Alexandre Medvedkin, ¿única excelsa muestra de comedia soviética conocida durante los años treinta?, deténganse, y véanla: una película moralizante, partidaria de la economía colectiva de los koljós, producida en aquellos años treinta estalinianos de planes quinquenales, colectivizaciones forzosas, hambrunas, y persecuciones de kulaks. "El último bolchevique", es una elegía a este gran cineasta ruso, un magnífico documental entretejido mediante tres hilos dramáticos, historia, biografía y memoria, presentados en descarnado diálogo con el lenguaje cinematográfico, y construida como un juego de espejos en que biógrafo y biografiado, con sus respectivos contemporáneos, se reflejan desprendiendo la sombra de la verdad. 'He pasado mi vida interrogándome sobre la función de la memoria, que no es lo contrario del olvido, sino su anverso. No nos acordamos, reescribimos la memoria como reescribimos la historia. ¿Cómo acordarse de la sed?', escribía en 1982 Chris Marker. El documental supone un acercamiento a la dimensión fantasmagórica de lo humano, de la que el cine ha sido expresión y fuente privilegiada.

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