domingo, 3 de marzo de 2019

Documentos TV, "La huelga del silencio" [2012]

Abril de 1962, un mes épico en la lucha proletaria ibérica. De los picadores de La Nicolasa a la solidaridad de toda la cuenca minera de Asturias: el hermoso compañerismo de los mineros en lucha. Los trabajadores influyentes, sin mediar palabra, se negaban a ponerse el uniforme de trabajo, y sus compañeros secundaban el gesto. 'Minero a la huelga. El camino está marcado. Todos para uno y uno para todos'. La huelga es delito de sedición. La policía ocupa los principales centros mineros: palizas y detenciones. De toda la cuenca minera de Asturias a la cuenca del Nervión: el 30 de abril la huelga arriba en La Naval de Sestao. Los trabajadores vascos hacían 'la culebra', recorrían los talleres instando a sus iguales a abandonar máquinas y herramientas. León, Puerto Llano, La Carolina; la Universidad se suma a las protestas. El 1 de mayo las autoridades franquistas celebran su espuria fiesta aparentando normalidad; miles y miles de obreros están en huelga. Se declara el estado de excepción. Una escuadra de intelectuales (incluyendo a Menéndez Pidal) escribe un manifiesto de gran repercusión internacional. Los mecanismos de solidaridad se hacen necesarios: comedores sociales, comerciantes que fían a sus clientes, ayuda económica de cajas de resistencia financiadas desde el exterior. Conseguidas las mejoras salariales, entre el 4 y el 7 de junio, los mineros vuelven al trabajo. El Estado pagará más la hulla de carbón. Dos meses después la conflictividad vuelve a los pozos, el 15 de agosto comienza el epílogo. Esta vez el Estado será implacable: los mineros están aislados, la huelga esta vez no se extiende, la represión es más fulminante (cierre patronal, despidos selectivos, deportación de los mineros significados durante las huelgas). El Sindicato Vertical queda herido de muerte; las primeras comisiones obreras, abanderarán las luchas de esa década.


"[Comisiones Obreras] surgen en las minas, en la riqueza creativa de la lucha, y están formadas por trabajadores escogidos por sus compañeros para plantear las reivindicaciones a la patronal. Son así un tipo de organización del conjunto de los trabajadores, no de una línea política sindical concreta, una organización de la clase. Una organización que recupera para el movimiento obrero español la tradición de auto-organización liberadora que son los consejos obreros.  Porque, y eso es importante, las Comisiones Obreras no son una organización de tipo sindical, reivindicativo, para conseguir más pelas o menos horas, sino una organización reflejo de la conciencia de clase. Sencillamente, porque la lucha que las crea no ees una lucha meramente reivindicativa, ni dirigida por ningún grupo concreto, es principalmente una lucha de solidaridad obrera, es el auto-reconocimiento como clase tras la derrota de la guerra. Es el primer aviso al franquismo: 'estamos aquí'. Nos has sometido pero no has acabado con nosotros".
Comisiones Obreras son así una crítica radical a la C.N.S., pero también a toda estructura sindical. Se plantean como expresión de la lucha de la clase obrera, como alternativa global a la sociedad, que no separa la lucha económica y la lucha política (reservada tradicionalmente a los partidos).
Aunque dada la fuerza adquirida y su carácter unitario, se organizan en ellas también las corrientes sindicales, coexistiendo dos posturas: la que mantiene el papel económico tradicional de los sindicatos y la auto-organizativa, que queda resumida en esta frase: 'se ha acabado el tiempo de las luchas sindicales, de buscar unas pesetas más o unas horas menos; es ya hora de luchar, directamente, por lo que nos corresponde, por la libertad, por el fin de la explotación, por una sociedad colectivista y no individualizada y represiva. Es la hora de la lucha por el comunismo no burocrático y el poder directo de las masas'. Entre 1960 y 1968 se desarrolla la época gloriosa de las Comisiones obreras. La lucha obrera se generaliza y las comisiones están allí, al frente de todos los conflictos. Desgraciadamente después, Comisiones va perdiendo su sentido revolucionario y, alejándose de las masas, se convierten en un sindicato reivindicativo tan solo, y cuando llega la crisis económica a la burguesía le es fácil reprimirlas. Vienen los estado de excepción y la detención de militantes obreros (el error de presentarse a las elecciones sindicales de 1966 los había puesto al descubierto).
Pese a todo, la lucha ha vuelto a jugar ya un papel de protagonista y ha iniciado la crisis del régimen franquista. El bloque dominante empieza a tener contradicciones y las cosas no pueden volver a ser como antes."

("Dos victorias de la burguesía, dos. Cincuenta años de Guerra Social en el estado español 1931-1980".)

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