sábado, 9 de marzo de 2019

Ryszard Kapuściński, "Ébano" [1998]

Uno de los capítulos que nutre el trepidante viaje por África que contiene "Ébano" de Ryszard Kapuściński, se detiene en el genocidio ruandés que se desarrolló en abril de 1994, cuyo impacto mediático, aun siendo un canijo, recuerdo vivamente. Un episodio terrible que tuvo su terrible continuación: las guerras en suelo congoleño, todavía latentes, que según el Comité Internacional de Rescate, son el conflicto armado que más víctimas mortales ha causado desde la Segunda Guerra Mundial. Otro laboratorio del Apocalipsis. En la 'Conferencia sobre Ruanda', Kapuściński expone las complejidades del tradicional enfrentamiento entre tutsis y hutus, y la deriva hacia la genocida solución final,


"Se trataba de que en el camino hacia el Ideal Supremo, que consistía en eliminar al enemigo de una vez para siempre, se crease una comunión criminal con el pueblo; de que, a consecuencia de una participación masiva en el genocidio, surgiese un sentimiento de culpa unificador; de que todos y cada uno supiesen que, desde el momento en que habían cometido algún asesinato, se cerniría sobre ellos la irrevocable ley de la revancha, a través de la cual divisarían el fantasma de su propia muerte. [...] en Ruanda lo importante era que todo el mundo cometiese asesinatos, que el crimen fuese producto de una acción de masas, en cierto modo popular y hasta espontánea, en la cual participarían todos; que no existiesen manos que no se hubieran manchado con la sangre de aquello que el régimen consideraba enemigos."

(Ryszard Kapuściński, "Ébano", 1998.)

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