domingo, 7 de abril de 2019

José de Espronceda, "El estudiante de Salamanca" [1837-1840]


"El estudiante de Salamanca" de Espronceda supone un hito en lo que posteriormente se catalogaría como primera generación del Romanticismo español. Tiene elementos fascinantes, la figura de Félix de Montemar, altivo, sublime, blasfemo, que desafía el poder de Dios y del Infierno, la ambientación tenebrosa, vaga, lúgubre, la noche misteriosa en la que truhanes y duelistas acometen sus crímenes, o la guía hacia el inframundo por un diablo convertido en mujer, Elvira, transmutada en seductora sacerdortisa, coreógrafa de la danza de la muerte. Entre los versos del poema, recuerdo vivamente el lamento de amor de Elvira, preludio de su fatal muerte, su tormentoso y bello delirio amoroso, suscitado por un Montemar indolente que ya ni se acuerda de aquel idilio. La interpretación que establece que el castigo por la impiedad hacia la sacrosanta religión del Amor es el móvil del descenso de Montemar a los infiernos es mi preferida.

"Y tú, don Félix, si te causa enojos
que te recuerde yo mi desventura;
piensa están hartos de llorar mis ojos
lágrimas silenciosas de amargura,
y hoy, al tragar la tumba mis despojos,
concede este consuelo a mi tristura;
estos renglones compasivo mira;
y olvida luego para siempre a Elvira.

Y jamás turbe mi infeliz memoria
con amargos recuerdos tus placeres;
goces te dé el vivir, triunfos la gloria,
dichas el mundo, amor otras mujeres:
Y si tal vez mi lamentable historia
a tu memoria con dolor trajeres,
llórame, sí; pero palpite exento
tu pecho de roedor remordimiento.

Adiós por siempre, adiós: un breve instante
siento de vida, y en mi pecho el fuego
aún arde de mi amor; mi vista errante
vaga desvanecida... ¡calma luego,
oh muerte, mi inquietud!... ¡Sola... expirante!...
Ámame: no, perdona: ¡inútil ruego!
¡Adiós! ¡adiós! ¡tu corazón perdí!
-¡Todo acabó en el mundo para mí!"

(José de Espronceda, "El estudiante de Salamanca", 1837-1840.)

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