martes, 16 de abril de 2019

Ryszard Kapuściński, "El Sha o la desmesura del poder" [1982]


"Hay que distinguir la revolución de la revuelta, del golpe de Estado o de palacio. Un atentado o una sublevación militar se pueden planificar; una revolución, jamás. Su estallido, el momento en que se produce, sorprende a todos, incluso a aquellos que la han hecho posible. Se quedan atónitos ante el cataclismo que surge de repente y arrasa todo lo que encuentra en su camino. Y lo arrasa tan irremisiblemente que al final puede destruir hasta los lemas que lo desencadenaron."

Una crónica apasionante y de largo alcance clave para comprender la encrucijada persa que desembocó en la Revolución de 1979, convirtiéndose en la República Islámica de Irán: "El Sha o la desmesura del poder" de Ryszard Kapuscinski. Los Millenial Milenaristas de la órbita cristiana, no dejarán de sentir cierta comprensión, distante pero familiar, hacia los chiítas, por un punto clave de su doctrina: la esperanza depositada en el Imán Oculto, el Esperado, que aparecerá en el momento oportuno como Mahdi, guiado por Dios, y fundará en la tierra el reino de la justicia. Craso error fue confundir al ayatolá Jomeini con el Mahdi.

"La revolución había elevado a los puestos de poder a gente completamente nueva, anónima hasta apenas ayer, de todos desconocida. Los barbudos de los comités pasaban días enteros discutiendo y resolviendo problemas. ¿Qué problemas? Se planteaban qué hacer. Sí, pues un comité debía hacer algo. Tomaban la palabra por turno. Cada uno quería expresar sus ideas, quería hablar en público. Se notaba que el hecho de poder intervenir revestía para ellos singular importancia, que el momento era de mucho peso. [...] Poco a poco empezó a formarse una jerarquía informal: ocupaban la cúspide aquellos que en cualquier circunstancia habrían pronunciado buenos discursos; en cambio, abajo se congregaban los introvertidos, la gente con algún defecto de pronunciación, un sinfín de los que no habían conseguido dominar su timidez, y, finalmente aquellos que consideraban que las discusiones interminables carecían de sentido. Al día siguiente volvían a discutir como si el día anterior allí no hubiese ocurrido nada, como si tuviesen que empezarlo todo de nuevo."

(Ryszard Kapuscinski, "El Sha o la desmesura del poder", 1982.)

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