domingo, 27 de enero de 2019

China Miéville, "Octubre" [2017]

Un relato brillante de la Revolución Rusa. Una narración briosa, enérgica, apasionante y apasionada, que fluye ágil por la epopeya acontecida en tierras rusas entre febrero y octubre de 1917. Este es el libro que recomendaría al neófito interesado en acercarse a aquellos convulsos meses. Octubre sigue resonando con fuerza. El mito de la revolución victoriosa, la leyenda de la inteligencia bolchevique, el culto al carisma estratega de Lenin. 'Si hubiera un número de gente suficiente que poseyera el genio estratégico de Lenin, no habría Lenin, y por tanto tampoco partido bolchevique, y por tanto tampoco burocracia totalitaria'. ¿Era el bolchevismo otra cosa que la ideología de unos revolucionarios profesionales aspirantes a profesar la dirección absoluta de la sociedad? 'La idea de revolución entre nuestras filas era demasiado romántica, no se puede esperar milagros incluso después de que el capitalismo haya sido abolido y la burguesía eliminada'. Octubre sigue siendo una materia de estudio obligada para quienes intentan mantener el empuje de la historia hacia el auténtico Reino de la Libertad, aquel en que el desarrollo de las capacidades humanas sea un fin en sí mismo.


"Octubre, por un instante, trajo un nuevo tipo de poder. Fugazmente, hubo un cambio hacia el control obrero de la producción y los derechos del campesinado sobre la tierra. Derechos iguales para mujeres y hombres en el trabajo y en el matrimonio, el derecho al divorcio, el apoyo a la maternidad. La despenalización de la homosexualidad: hace cien años. Una aproximación hacia la autodeterminación de las naciones. Educación libre y universal, alfabetización; y con ella, una explosión cultural, una sed de aprendizaje, la multiplicación de universidades y conferencias y escuelas para adultos. Un cambio en el alma, como dijo Lunacharski, así como en la fábrica. Y aunque esos momentos fueran desechados, anulados, o se convirtieran en recuerdos o malos chistes, podría haber sido de otro modo.
Podría haber sido diferente, pues estos solo fueron los primeros y titubeantes pasos.
Los revolucionarios quieren un nuevo país en un nuevo mundo, uno que no pueden ver pero creen que pueden construir. Y creen que, al haberlo así, los constructores también se renovarán a sí mismos."

(China Miéville, "Octubre. La historia de la Revolución Rusa", 2017.)


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